“¿Contigo? ¡ni a la esquina!...” (anónimo)

 

Desde la temprana edad, uno de los sentimientos que nos es común -a ambos géneros- puede ser el rechazo. Éste es un camino en ambos sentidos: Puedo sentirlo y pueden sentirlo por mi causa y mis mudas acciones hablando indefectiblemente por mí.

En la edad prematura del embarazo, como mi madre me ha informado, desarrollé simpatía por el agua y, a la larga –como rechazo alergénico- padecí de asma por varios años durante mi niñez. Así que, muchas veces, una cosa nos lleva a otra.

Para alguien que pase del portal ancho al camino angosto, el rechazo, la incomodidad, el sentimiento de sentirse rechazado le es familiar, no sólo en cuanto a lo que atañe a sí mismo, sus gustos o comodidades y conveniencias, sino en cuanto a lo que experimenta en relación a sus “amigos”, lo que le dicen, la forma en que lo critican y los medios empleados para manipularle a no dejar la vieja forma de vivir una vida enajenada de Dios. Por otro lado, también, por no pertenecer al grupo de “los elegidos”, por ser un advenedizo o prosélito en la comunidad cristiana, éste grupo lo reciba a medias, condicionado y monitoreado por el todo humano que le rodea y, en muchos casos, el miso “pastor” tiene gran responsabilidad de que se marche a otra iglesia (si el converso persevera) y trate de descubrir su camino por el medio del ensayo y el error.

Antes, cuando menos, se ayudaba al neonato con una palmada, luego que saliera del vientre de la madre. Hoy, por el avance de la ciencia, se han inventado métodos menos dolorosos para que esas criaturas no conozcan –de una forma violenta e impactante- la sensación del rechazo.

No conozco los términos y relaciones de la vida, pero he notado lo hermosos que son los cachorros y bebés de muchas razas y camadas por medio siglo. Un bebé perro es tan grato y noble como un niño y vienen tan agraciados con el propósito de que nadie los rechace. Un gato o un bebé en llanto mueven las fibras de cualquier duro de corazón y hasta he conversado con criminales que, en pocas palabras, me dicen qué harían si alguien se mete contra ellos (los niños) y, en efecto, he visto cómo actúan –no siendo cristianos- defendiendo las causas de los menesterosos y necesitados.

En el núcleo de mi familia paterna me sentí incluido y amado. No crecí en un modelo familiar padre y madre y ¡gracias a Dios! Mi abuela y mi tía María suplieron esa deficiencia presencial no deseada por mi madre (que Dios la convierta a Su hijo Jesucristo). Por otro lado, como en muchas familias y a muchos individuos, la imagen paterna es muchas veces simbólica y tan extemporánea que, nada raro resulta que seamos padres y madres deficientes, debido a que no tuvimos una buena referencia que nos sirviese de modelos paternales para nuestras vidas.

Trataré de explicarlo mejor. Nadie nace con el conocimiento de ser padre o madre. Tenemos un cúmulo de experiencias emocionales que nos hacen acercarnos a otros, con ciertas emociones, pero no todos –por educación o experiencias- tenemos el deseo de tener hermanos y menos hijos. Si crecimos en un ambiente ideal, con padres o madres pródigos en amor y atenciones presenciales, es probable desarrollemos las aptitudes y las actitudes para ser buenos padres o madres y, cuando menos, buenos amigos. Sin embargo, la experiencia citadina nos comprueba que, por las condiciones de esta forma de vida angustiosa y estresante, tendemos a rodearnos de formas poco familiares alternativas y de personas que nos son ajenas a los vínculos sanguíneos familiares y, por lo general, esas personas que llegan a nuestras vidas han padecido el rechazo tan profundamente, tan incipientemente en sus vidas, que no han conocido los valores innatos de la inclusión, de la aceptación familiar y del verdadero amor que sólo puede venir de Dios como el fin último y PRIMARIO de todas las cosas buenas.

Muchos padres y madres lega a esta condición “por error”. Muchas veces venimos al sexo por la ansiedad de vaciarnos hormonalmente, más que por una extensión –privada- de los caminos del amor y trastocamos el destino de lo que debió ser hecho, más bien, por mutuo acuerdo y planificación (emocional y económica) y los resultados ya nos son “familiares”.

Rechazo familiar.

La familia tradicional es el núcleo A+B unida por el vínculo de C ó D. Por decir lo consanguíneo. Hoy hay muchos conceptos válidos y EXTENDIDOS que –incluso- abarcan el derecho de la vida “familiar” para quienes tengan otra inclinación sexual distinta a A+B. Es decir, la ley HUMANA y sus legislaciones reconocen y dan respeto a la unión de A+A y B+B, sólo que estas uniones, biológicamente, no pueden tener hijos; excepto por adopción (cosa que complica mucho más el asunto del rechazo para los adoptados y desadaptados).

En una etapa infantil de mi experiencia, del lado de mi madre, me vi rodeado de prostitución y homosexualidad. Para no quebrantar las condiciones de publicación de este sitio, no entraré en detalles y para condensar el asunto –no recuperado del todo- puedo admitir que sentí simpatía por lo tocante a la mujer y rechazo por el hombre; no obstante, esto no me inhabilita comprender el rechazo para ningún género, excepto que tenga que ver con la conveniencia de mi vida sexual, mi vida social o la conformación de parejas.

Todos, en su mayoría, saben qué desean sexualmente. Si se es menor de edad, aún cuando niños, se ven las inclinaciones naturales de los gustos y, como padres, conviene orientar y dirigir estas tendencias sexuales a lo que Dios ha dispuesto y reorientado por medio de las Escrituras (que son experiencias espirituales de segunda mano). Las conductas sociales y sexuales se mueven por la voluntad del deseo y de los gustos. No podemos monitorear, omniscientemente, las tendencias fuera del núcleo familiar –ni social- pero bien hacemos en observarlas para orientar a los nuestros de las actitudes de los que nos son ajenos.

La familia, en sus inicios, debe centrarse en la edificación de la relación de la pareja. Darse menos de un año para construir los fundamentos de lo que debe y ha de ser ésta misma, es lanzarse a la experiencia del naufragio y el divorcio ¿Cómo se sienten los hijos de esos fracasos? ¿Cómo se manejarán –como esposos- si no tienen la vida familiar ni la experiencia vinculante desde sus bases?

Como individuos independientes, la vida familiar de la iglesia nos es ajena. Como hemos vivido el constante rechazo individual desarrollamos la coraza de nuestra individualidad y el escudo antimagnético del rechazo. En ese sentido, las palabras de Jesús no son retóricas al llamarnos “hermanos” y al orar con estas palabras del “Padre Nuestro”. Nótese allí (como en todo) la inclusividad, la extensión de lo que desea Dios en Jesús y, obviamente, no significa que todos somos hermanos, sino los que Dios ha recibido y sellado como hijos Suyos.

Hay concejos provenzales en la Biblia: “Si uno quiere amigos hágase amigo Ud de las personas.” La experiencia ha demostrado que hay mejores amigos que la misma familia y una de las razones que tiene que ver con esto es el rechazo:

• Puede que hayamos herido o rechazado mucho a nuestros parientes consanguíneos, al punto que nos detestan, que no nos toleran más y han cerrado la puerta (y las ventanas) a cualquier otra oportunidad de accederles… Si esto tiene que ver con nuestras convicciones de fe (no de religión) Cristo vino a causar división (Lucas 12:51-53) a revelar quien es quien y a probar qué y a quien queremos y guardaremos lealtad hasta morir.

• Puede que otras personas hayan sido más deformadas y heridas (que nosotros) y se les haga difícil aceptar (o tolerar) una aproximación sincera, espontánea y libre ¡Sin otros intereses! Para el hombre es instintivamente natural aproximarse a la mujer, en particular si inconscientemente quiere llenar ese espacio emocional que no tuvo de la madre, en diversos aspectos. Puede que un aspecto paternal o maternal de su vida tenga muchos pedazos rotos, y sólo permita que se le acerque un hombre o una mujer a la vez, según el rango de tolerancia de su escudo de autodefensa. ¡Sólo Dios sabe cuánto y qué es el daño! (Nadie se expondrá abiertamente a confesarse -o a entenderlo- para perdonar y perdonarse, de buenas a primeras).

• Puede que hayamos comprendido parte de nuestra naturaleza emocional y estemos sanando de las fracturas sentimentales recibidas durante el curso del camino de esta vida. Conociendo lo que duele el rechazo, si queremos y deseamos -sin coacción- podemos ayudarnos y ayudar a otros en este sentido…

 

Vencer el rechazo es posible.

Una de las formas elementales es “ser amigos”. Hay muchísimos libros sobre el tema. Cualquiera que Ud decida leer será bueno, en particular, si no está orientado a la compra-venta de servicios y bienes (si no es para uso comercial ni como método de seducción-explotación sexual). ¡La gente está cansada de este abuso!

Cuando niño era muy malo con la gente, incluso con mi hermano (en parte por celos: Quería ser el centro de laa atenciones de la casa) (Soy responsable por haberlo impulsado a buscar -en la calle- lo que debí compartir: El amor que me daban). Esa misma ansiedad –de protagonismo- me llevó a conductas que dañaron mis relaciones con otras personas desde la infancia hasta la adolescencia, y pienso que tomará algún tiempo construir sanas relaciones con mis semejantes, con el prójimo, en tanto yo no acepte mis diferencias versus las que otros poseen. A mi edad no tengo opción a “reconstruir” pues, la verdad, lo que destruí lo aniquilé bien por mis errores e ignorancia y, a la sazón, lo que dejé atrás allí debe quedar pues, el pasado ha de seguir emocionalmente muerto y mi miopía no me deja ver qué debe insistirse o irse... En el caso de un cristiano fiel (que no soy yo) su testimonio ante los hombres –no ante Dios- ha de estar ceñido al respeto de la voluntad personal de quienes se alejan, de quienes se alejaron y de quienes nos alejaremos.

Hay personas a quienes nos podemos acercar. En medio siglo de vida he padecido la experiencia de acercarme a situaciones incómodas, dolorosas, que debemos conocer a saciedad para decir: He vivido y entender las condiciones de otras personas en situaciones más difíciles. He tratado con personas que han tenido problemas con las drogas, con la miseria y algunos de sus vicios y hasta he tenido la satisfacción de poderlas abrazarlas con mis brazos y, no necesariamente con mi mente. He podido comprender las situaciones que condicionaron su llegada a esos niveles y, además, sé que muchos comprenden no querer estar allí, que necesitan de una mano amiga para avanzar, hasta que vuelvan a caminar sin la muleta de nuestro apoyo.

Nicolás, por ejemplo, fue un viejito que dormía a escondidas en un lote y, de madrugada, tenía que salir a oscuras, recogiendo sus pocas pertenencias, para que no viniera otro mendigo MALO y lo robara, golpeara o violara. ¿Se imagina lo bien que sentía una conversación de horas con dos perfectos desconocidos que le dieron pan, ropa y un par de abrazos? Ese viejo lloró en los brazos de Lizbeth. Ese viejo degustó cosas que su abandono (rechazo) le había producido y, ciertamente, ninguno de nosotros (Liz o yo) podría colmarle hasta que él dejase de rechazarse a sí mismo. ¡Llevaba años sin bañarse y sin comer bien!

Carlos, por otro lado, siendo enajenado de sí, se echó a la calle y ha perdido la cordura. Según un rumor del pueblo en que le conocí “una portuguesa lo abandonó”… Nunca supe la verdad de Carlos, pero –sea la que sea- duerme en las calles, se deja crecer el cabello de forma salvaje y no quiere nada con el agua (el problema, a ese punto, es espiritual y se debe trabajar con un verdadero equipo). ¿Qué lleva a la ente ala calle? ¿Qué lo impulsa a las drogas y al abandono absoluto?

Una parte es el rechazo. Una parte se debe a los problemas que albergamos dentro pero, otra, a los problemas que heredamos, que ganamos o que alguien nos regala. Mucho, en suma, tiene que ver con la autoestima.

Cuando buscamos pareja, cuando somos niños, llevamos una idea infantil de cómo queremos a esa chica. Cuando crecemos, las influencias familiares y culturales van modificando aquella idea original e incipiente de cómo es la chica que deseamos en nuestra vida y para nuestros sueños. Puede que, cuando niños, la soñábamos gordita, pero la influencia de la cultura, de los amigos, nos hizo “modificar” nuestro sueño original por una chica “fitness”, de piernas firmes, de nalgas y brazos afirmados (o todo lo contrario). Puede que el ensueño de la pareja ideal tuviese el candor de Blanca Nieves, el aplomo emprendedor de cualquier personaje lindo y lleno de pecas idealizado por Disney y hasta con el parecido físico de su película “Pocahontas”, pero la tolerancia al rechazo nos lleve a personajes que siempre nos hayan caído gordas, pesadas y, luego de algunos años, aquella frase célebre salga a la luz: “¡No sé qué le vi!”.

¿Qué nos enseña eso? Que vamos cambiando con los gustos, que las circunstancias nos enseñan, que vamos adaptándonos a las posibilidades y vamos siendo realistas. ¿Quién, en su sano juicio, llega a enamorarse de una Paris Hilton sin correr el riesgo de sentirse rechazado o decepcionado, cuando no halla en ella los valores idealizados que “las bellas” no siempre tienen? (¡Damas! La misma pregunta aplica para los hombres).

Esta vida nos enseña, por lo común, que la belleza física no siempre está acompañada por los ideales morales o espirituales... (pero los milagros son posibles).

¡No sé Uds! Tal vez haya estado profundamente enamorado un par de veces. En esa búsqueda uno “aprende” a lidiar con esto de la aceptación e el proceso de la búsqueda. Recordemos que el proceso comienza desde la niñez y, al llegar a la adolescencia, muchas cosas se han alterado por la presión social, por los nuevos gustos y, si antes la soñábamos negrita, ahora –con el empuje de las hormonas de los 18- la soñamos rubia (pero, a los 40-50, ya ni desdentada importa mucho, con tal de que nos quieran).

Desde la madurez hasta el último día de nuestras vidas terrenas, muchas cosas han pasado. Una parte de nuestros apetitos pide una cosa y nuestra realidad y posibilidad dicen otras y, por raro que parezca, podemos ver lo alejado que estamos del ideal y lo específica del presente ¿no era una bella película lo que soñábamos para nuestra vida?

Cuando aterrizamos, cuando determinamos lo avanzado o alejado que nos lleva el vuelo de este viaje, podemos sonreír y hasta rechazar ideas que nos fueron “propias”. ¿Hasta qué punto nos enseñoreamos de lo que decíamos sería nuestro destino?

Una parte de nosotros puede sentir antipatía por el dedito corto del pie, por el lunar que “nos afea” el rostro y, si ponemos atención, hasta observaremos qué lado procuramos ocultar cuando nos toman una foto que saldrá al público. ¿Hay aceptación de la realidad de quienes somos, de lo que tenemos y ofrecemos?

Puedo sentir un rechazo abierto, público, por una serie de cosas y, al hacerlo, quedar expuesto a las represalias –las defensas- de quienes se sientan afectados o vulnerados por mi identidad o mi identificación de lo que gusto o rechazo. Así –con razón- el cristianismo es rechazado cuando éste señala lo que debe ser y lo que no debe ser. Uno puede decir: “Me gustan flacas, pequeñas, de muslos firmes…” y, las que no lo son, se sienten embargadas por no recibir la aprobación, sino el mismo rechazo que culturalmente la sociedad de consumo les impone… ¡Del rechazo vienen afecciones que afectan el apetito de muchas modelos con anorexia!

Como hombre tengo mis gustos y, contrariamente a mis expectativas, soy aceptado por quienes no debía ser recibido. Puede que guste de mujeres de mujeres de 30-40, pero las que (milagrosamente) levanto son las de 60-70 ¿Qué pasó allí?

Las mujeres, también, tienen sus sueños...

Hace poco me cortaron el cabello 5 ó 6 mujeres. Eran damas aprendiendo ese oficio y, en medio de nuestra charla, acoté el cuento de Sansón y Dalila… Lo que pude notar, al menos en la cultura afro-costeña, es que las damas esperan lealtad, compromiso, de parte de sus hombres. Puede que no quieran mucho a sus compañeros, puede que sean algo feos, que la maltraten un poco, etc., pero –si le cumplen con el pago de la comida (lo que consumen a diario) eso les basta hasta que los chicos crezcan y puedan proveerse ellos mismos de la comida: Esto es lo que llaman compromiso y responsabilidad. La “cama”, cuando se tienen varios hijos y se va descomponiendo ese cuerpo, no guarda tanta importancia en función de la “responsabilidad” que esperan de sus hombres…

No pude evitar observarles mi punto de vista. Al hacerlo, se intimidaron y sentí el ruido de sus escudo protectores… ¿Una familia es sólo parir y procrear?

Mi punto de vista es indefendible, pero sé que gente con más edad que yo (50-70) se identifica con mis reales apegos. Sé, por otro lado, que hombres y mujeres se quedarán solos, una vez que sus hijos se hayan ido y haya cesado sus responsabilidades parentales bajo ese mismo techo (“Por tanto, el hombre se unirá a su mujer y DEJARÁN PADRE Y MADRE” Génesis) ¿Qué les queda a un par de viejos? ¿Continuar el rol paterno-materno con los nietos? (Impidiendo el aprendizaje ajeno, de los seres que más amamos) ¡Nada de eso!

No puedo asegurar lo que busque nadie en la vida. Mi responsabilidad y posibilidad sólo me cubre a mí en ese sentido. Unos buscan gloria, honor, dinero, fama, reconocimientos académicos, reconocimientos sexuales, etc., pero sólo yo sé para qué querría vivir el resto de mis días y no puedo ser hipócrita y decir: “Vivo sólo para Dios” porque –voluntaria o involuntariamente- tengo otros deseos (lícitos, personales y humanos) y por más que lucho contra ellos, la realidad me contradice, mis circunstancias me limitan y ya nada me avergüenza ¡O sea! Tengo mi secreto para que el rechazo (general o privado) no me afecte, no me duela.

Lidiar con (y contra) el rechazo.

En este momento puedo recordar emociones que me entristecen (mías y de terceros). ¡Doy gracias a Dios! (A muchísimas personas) Por haberme ayudado a expandirme dentro de mí. Quizá, algún día, llegue a expandirme para colaborar con otros en sus procesos, pero deseo concentrarme en terminar mi proyecto de vida y, si no lo termino (como deseo) ¡No hay problema! (No me pertenezco y poco es el “control” que ejerzo sobre muchos aspectos de mis deseos o sueños, para lo que me quede de vida).

Muchas personas, a cierta edad, saben quiénes son o quiénes desean ser. Me da gusto oír ideas de la juventud y, por otro lado –viéndome cómo fue- sé que cambiarán (deseándoles mayor bien). Recuerdo a Mariella. Era tan linda como parte de mis sueños y, paradójicamente –como ella libremente me decía: “Yo estaba en edad de mascar el agua”- ¡Ja, ja! Tuvimos la oportunidad de pasar un tiempo cerca, de ir a un par de excursiones, luego que ella creció y se hizo adulta y se puso gorda... ¡Cuánto me gustaba Mariella! Hoy, sabe Dios cuántos años, ignoro cuánto haya cambiado y no me esforzaré por buscarla. La gente que se va de tus vidas hay que dejarlas donde están, así –como lección Nº 1- puedo repetirme:

1. Dejar al pasado donde está. Si quieres retomarlo, que te sirva para revisar cuánto has avanzado en superar lo que querías vencer.

Entre los militares hay una norma: Conoce a tu enemigo. Mientras se va creciendo (de dentro hacia fuera) uno no distingue quien es más peligroso, si el que está afuera o el que vive dentro e intenta escaparse y correr afuera. Con el tiempo, el que tema el riesgo al rechazo, experimentará su propia evolución y, si creció rodeado de una cultura de salsa, le sobrevendrán ataques de ira que lo llevarán al rock (a lo que se contraponga a esa cultura) y, por no asimilarse a la subcultura de ese medio, adoptará otra realidad que le es ajena (y lo enajena de sus vecinos).

Un católico se enajenará con la cultura religiosa evangélica. Un chico sano se rebelará con las drogas o la borrachera en señal de protesta (Ver muy bien qué es lo que lo lleva a dañarse a sí mismo). Por lo general, el aceite y el agua se separan, se estabilizan a sus niveles y, en ese sentido, las palabras de Jesucristo vienen al caso: “La verdad los hará libres”

¿Qué es la verdad? ¿Qué te molesta que te provoca una reacción distinta? ¿Qué es lo que te desagrada del barrio o ciudad en que vives?

Si voy a convivir con alguien sé qué me molesta. Si voy a estar en un barrio o en una urbanización que no respete mis espacios, que procura seducirme a las inclinaciones de ellas y ellos, tengo conocimiento de qué me molesta y de lo que he de hacer para salir del medio.

Si planeo hacer vida marital con una mujer –a mi edad- debo saber cuán ligada está a sus responsabilidades maternales y consanguíneas. Si sus vínculos no son los míos, debo zafarme antes de perder más tiempo en algo que será estéril, pues ¡ya no tengo 20 años! De hecho, uno debe ser responsable y no dejarse involucrar en relaciones que no perduren; pues, lo contrario es irrespetar y jugar con sentimientos propios y ajenos.

A decir verdad, uno debe ser agradecido cuando alguien te dice: “Yo no te quiero o no te amo”. Te lo pueden decir con actitudes corporales y con acciones habladas con hechos. Si alguien no te quiere –y te lo hace saber y lo manifiesta reiteradamente- ¡Da gracias a Dios! Piensa un poco y reponte de ese daño o lesión emocional. Imagina si, hubiera acontecido eso (como en el caso de otros que se involucraron demasiado haciendo una pesada inversión emocional y económica) y resultaren rechazados en la plenitud de sus vidas (o cuando les quedan pocos días) y ¡se creían amados por el ser equivocado!

Una sola vez me sentí así… Amé, pero no supe manejar aquella fuerza y tuve miedo y me equivoqué dolorosamente (para ambos, para ella y para mí). Hoy, lo que siento por MP, es nada, si lo comparo con el pasado que debe quedar allá y, si de algo sirve lo que viví, no es conveniente enamorarse de chicas con menos de 10 años que uno; muchísimo menos si estás en la adolescencia. Así, como lección contra el rechazo, puedo decir:

2. Busca gente de tu misma orientación filosófica, de fe y parecer económico. Eso de que la cachifa se casa con el señor de la casa adinerada es típico de las telenovelas y mentiras de la cultura mejicana. Uno, si es Punk no debe casarse con una evangélica. Si uno tiene orientaciones económicas distintas a una persona con muy altas (o crasas) aspiraciones económicas entrará en conflicto. Si uno es negro “Cuzcús” y la familia de la novia es de puros “monos” nórdicos, no conviene ni acercarse para dejar que la relación avance más de la amistad. Hay cosas que la gente no está dispuesta a lidiar ni a cambiar, mucho menos cuando se avanza en la edad adulta. No conviene hacerse a la idea –secular- de que los ricos se llevan bien con los pobres: El rico teme que uno, por sus muchas necesidades, le despoje sus bienes y, como lo secular se establece por conveniencias, es probable que –olvidando que somos cristianos- tengamos el doble diálogo de casar nuestras hijas con el feo adinerado: Esa decisión y aprendizaje le toca a los hijos y ES MUY PROBABLE QUE ELLOS DECIDAN MEJOR EN SUS VIDAS QUE CON LO QUE HICIMOS CON LA NUESTRA.

 

No conocemos el mañana. Tratamos de hacer un pronóstico del tiempo, de lo que vendrá, en función del limitado presente y sabemos que todo cambia rápido, excepto nosotros mismos. ¿Cuántos estamos dispuestos al cambio? Muchos nos conocemos, a profundidad, luego de los 40 ¿Quiénes deseamos abrazar otra conducta, modelar ciertas actitudes que nos incomodan o avergüenzan ante nuestros espejos de vida?

No hace mucho abrigaba un prejuicio hacia los colombianos. En el país donde crecí, por las actitudes de unos pocos, cometí el error (el pecado) de generalizar y etiquetar a muchos extranjeros, entre ellos, a los colombianos. Hoy, siendo extranjero –para mi vergüenza- éstos me han tratado mejor de lo que traté a muchos de ellos. El error, porque lo hay, es generalizar, tipificar a unos POR CULPA DE OTROS, pero nunca había vivido en Colombia y sólo les “conocía” de visitas turísticas. ¡Me arrepiento de ello! Y, si embargo, no por ello, sé qué cosas de este país no quiero, tanto o más como ciertas cosas detesto del “mío” (ya no me veo como ciudadano de ningún país).

La Biblia enseña a los judíos a recibir a los extranjeros (porque ellos fueron extranjeros en Egipto) (también lo son en otras naciones) (Éxodo 22:21, Levítico 19:10, Números 9:14, Deuteronomio 10:19). Pese a ello, el judío sigue siendo como es. ¿Superaremos al judío por Jesucristo? Depende de nosotros (Mateo 5:20).

Comprendo algunas de las razones por las que muchos rechazan al extranjero, al judío y al cristiano, ¿pero de qué lado debo estar respecto de ellos? Uno debe ponerse en algún sitio para experimentar el rechazo y para saber lidiarlo (tras conocerlo) para tener una posición firme y redentora, al respecto. Uno no puede discriminar al que tiene una inclinación política distinta a la nuestra. Uno puede opinar distinto al drogadicto, al aparentemente miserable, etc., por que desconoce parte (o todo) de las razones que motivan a alguien a llegar a tales situación indeseables e incómodas; pero -cuando uno experimenta el rechazo- haciéndose extranjero, alienado de los beneficios de la comunicación o de los privilegios (que alguien goce como natural beneficio de la normalidad) se hace capaz de entender y de converger los medios humanos y espirituales que alguien -verdaderamente sumido en esos estados indeseables- se niegue a reconocer, ver o entender: Cristo tuvo que venir en forma de hombre para podernos explicar el espíritu prevalente de la ley divina.

He tenido el privilegio de conocer persona que ha sido privadas –temporalmente- de sus privilegios de libertad en la cárcel. He conocido a malandros y asesinos que se han regenerado en Jesucristo y, aunque no son invulnerables a experimentar el rechazo, han aprendido a sobrellevar lo que, en principio, les afectó y trastornó el curso natural de sus vidas: Sus hogares nunca lo fueron. Tuvieron –por padres- a seres que biológicamente no lo fueron y, a pesar de sus deseos y los nuestros, muchos hemos sido abusados física y emocionalmente por personas ajenas al núcleo sanguíneo o familiar en el que fuimos gestados. ¿Cuál es el error? Involucrarnos con personas que no debíamos y engendrar hijos con los seres que no debemos.

Así, para dejar estas 4.500 palabras inconclusas, termino con el consejo Nº 3

3. No se involucre –sexualmente- con la persona que no debe. Conozca sus inclinaciones, sus tendencias, para que sepa qué desea hallar en la persona que le atrae, tanto en lo físico como en lo sexual. Un hijo se deba a su madre y a su padre. Si no va a proveerles del alimento emocional, del abrigo de sus variadas atenciones, no los engendre. Parte de sus problemas se han debido a una limitada atención materno-paternal. Si quiere que sus hijos pasen por lo mismo, haga las faltas que sus padres cometieron y, si tuvo la bendición de tener unos padres formidables, hónrenlos pidiéndoles espacio y consejos para que Uds mismos aprendan el bien que Uds le dieron: La paternidad es una responsabilidad única. Si la evita o hace responsable a otros, se privará del consejo que podrá brindar a sus nietos.

Acepte, en la medida de sus posibilidades, al que venga a su vida desinteresadamente. No cree compromisos que no podrá enfrentar ni desea padecer. Sea consecuente con lo que va aprendiendo en su camino por la vida.

¡Que Dios nos ayude!

Muchas cosas quedan fuera para otro día…

A.T

 

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