Siento cierta incomodidad al leer tantas “noticias” sobre la culpabilidad de sacerdotes y del Papa. Me disgusta que un "sacerdote" se defienda con tecnicismos teológicos, diciendo "que es peor la excomunión que ir a la cárcel para pagar sus culpas seculares"... Los sucesivos ataques dirigidos contra algunos de los líderes de la iglesia católica y del extinto imperio de Roma no son algo nuevo, y bien pudieran los medios tratar de enjuiciarles por los crímenes de la Inquisición y la colonización religiosa mundial... Los delitos de los que hoy se les acuse, son tan semejantes (y punibles) como los que hemos cometido hombres de cualquier inclinación sectaria o denominacional, sólo que la Iglesia Católica se guardó el privilegio de etiquetar (y minimizar) a otras tendencias de fe como “sectarias”, en razón de que ellos se consideraban la aparente mayoría mundial (ignorando –desconociendo, más bien- las diversas creencias de los budistas, musulmanes, hinduistas, etc. diseminadas en todo el mundo). La terquedad obstinada de feligreses ciegos, permeables a las tradiciones católicas, se declaran vasallos de ese señorío “universal” y no deseo dejar olvidar la muerte de aquellos que han llegado AL SUICIDIO por creer que aquellos (los papas) sin intermediarios, mediadores, entre Dios y los hombres que aspiran a subir al cielo. ¿Recuerdan el caso de aquel hombre que se suicidó cuando creyó que había muerto uno de los Papas? Ingenuamente o no, ven a un simple y mortal hombre como “representante de Dios en la tierra”...

 

Los Papas, ni los pastores ni sacerdote alguno debe hacerse pasar como mediador entre Dios y los Hombres, ese oficio vicarial le pertenece sólo a Jesucristo. Si se pudieran juzgar los delitos generacionales, habría que remitir esos casos heréticos de la Iglesia católica y de la cristiandad, en general, pero eso no es lo medular en el catolicismo, sino LA IDOLATRÍA GENERALIZADA EN JERARQUÍAS y la introducción de sus “tradiciones” en los mismos libros de la Biblia: La Navidad del 25 de Diciembre, La “autoridad universal” del Papado bajo sus niveles de jerarquía, la introducción de “Santos Sacramentos”, La celebración de Fiestas Patronales en cada poblado, La introducción del término “Padre” bajo la autoridad sectaria de sus muchos sacerdotes, entre otras, que olvido citar...

 

El Catolicismo es una mezcla sincretista y simbiótica de creencias dispersas que permitieron aglutinar –bajo un liderazgo unificado- la “fe” de todas las naciones que dominaba Roma, después de los días de Jesucristo.

 

No me cansaré de repetir las palabras de Jesucristo: “Yo edificaré a mi iglesia”, entendiendo Su breve discurso como el que está basado sobre Su verdad y no como la ha traducido (y malinterpretado) la tradición de la iglesia católica: Pedro (el 1er “Papa”) no es el fundamento de Su verdad.

 

Mateo 16:18 no concedió un poder especial único o Papal al apóstol Pedro en detrimento del rebaño de Sus primeros discípulos. Jesucristo no dijo que Pedro era “la verdad” sino, más bien, endosó positivamente las palabras dichas por Pedro bajo la influencia del Espíritu Santo: “Tú eres el Mesías, el hijo del Dios viviente” (Mat. 16:16-17).

 

Lo que afirmó y confirmó el señor Jesucristo, fue la potestad que entregó a todo el que declare los méritos de Su nombre y el evangelio de Su fe como el Mesías de Israel y el Salvador del Mundo. Si el texto no es (o fue) una añadidura a los escritos originales del Nuevo Testamento, Jesucristo delegó un poder universal y de comunión a todos los que creemos en Su nombre, Su medianidad y poder redentivo: Todo creyente convencido –plenamente- tiene la autoridad del hijo de Dios para trascender los linderos de la muerte y, lo que ate o desate, similarmente, se hará en los cielos. Es mi opinión que, el alcance de este poder tiene repercusiones trascendentales como para cambiar (o borrar) hasta los registros escritos en los libros de los cielos, en el poder que obra toda la vida y en la muerte (casos como el de la higuera que Jesús maldijo o la resurrección de Lázaro); sólo que mi fe no ha crecido al nivel de convicción suficiente para arrancar una montaña y echarla al mar.

 

El caso de la pederastia, la homosexualidad, etc. se debe a la necia negación de nuestra propia naturaleza y a la hipócrita negación de nuestros naturales apetitos. Si evaluáramos al Nuevo Testamento como “algo” salido de la cultura literaria de esos tiempos, quienes la escribieron confesaron una realidad que –aún hoy- tiene vigencia: ¿Qué ofreció el diablo a Jesucristo, justo después de salir de un largo ayuno? (Mateo 4:1-10) Lo tentó con los apetitos de la carne. Le ofreció lo que atrae a todo hombre y a toda mujer, pero los curas católicos no están hechos de paja y mire que el celibato es pura paja y más de uno tenemos “la paja” en el ojo… (Mateo 7:3-5)

 

Legalmente, en algunos países, si sé de un delito y NO LO DENUNCIO, me hago culpable por complicidad. Si me entero de “ciertas faltas” y no procedo a denunciarlas oportunamente en un Estado de Derecho separado del gobierno de la Iglesia (sea de la denominación que sea) cometo un delito punible. ¿De qué me sirve una disculpa, un llanto, cuando he matado parte de la vida de un ser pequeño? (Dios conoce mis culpas y, al arreglar ciertos asuntos –con Él- no me dispensa de resarcir a terceros, del pagar la deuda que tengo con otras personas… aunque nunca pagaré por el dolor causado con años de cárcel, privaciones o humillaciones de otros reos).

 

Dios no tiene favoritismos denominacionales entre los gentiles y los judíos (Ezequiel 34 y Juan 10:16). Su hijo, siendo totalmente inocente de lo que hayamos hecho en vida, pagó el castigo que muchos merecemos y, sin embargo –como para experimentar el poder de la fe- algunos no comprenden la magnitud y el alcance de esta gracia milagrosa que trasciende nuestro entendimiento. Si miles insisten –tercamente- en llamar “Padres” a quienes no lo son (Mateo 3:9) no es mi problema, sino del que no obedece a Jesucristo. Si miles creen en el “poder mediador” de la Iglesia para “salvar sus vidas”, yo –también- creo en el poder que ésta tiene para destruirlas junto con miles de otras -privadas de la verdad- por quienes no leen ni interpretan el significado real de las Escrituras, desde la fuente hebraica y la posterior revelación de Jesucristo en Sus evangelios.

 

La Iglesia verdadera de Jesucristo saldrá de las filas de los católicos arrepentidos y penitentes. La Iglesia restauradora de Jesús saldrá de pentecostales, de bautistas, de luteranos, adventistas, etc., porque no es obra de humanos, sino de Su Espíritu. Lo que pasa hoy en la noticia de los medios es lo mismo que pasó en “los secretos” de otras denominaciones. Citar nombres y fechas es un absurdo, pues, hasta el mismo Pablo citó ejemplos que hoy se repiten y escandalizan a unos pocos: “Por tanto, Dios los dejó seguir sus propias pasiones vergonzosas. Sus mujeres dejaron de tener relaciones sexuales con los hombres, que es lo natural, y empezaron a tenerlas con otras mujeres…” (Romanos 1:18-32). La obligatoriedad del celibato, en el sacerdocio del catolicismo, ha llevado a muchos a prácticas incorrectas para expresar su natural sexualidad. ¿Por qué no la abstención al licor, al alimento o al amor a la gloria comprada por dinero?

 

Recomiendo a cualquiera que desee restaurar su relación vertical con Dios que empiece leyendo La Biblia. El Antiguo y el Nuevo Testamento tienen mucho en común y, hoy, el sacerdocio no existe, tal como se prescribía para los levitas y para el templo de Jerusalén: Se acabó con la venida del Mesías, Jesucristo. Primeramente, se acabó tal templo –el espiritual de Jerusalén- cuando Dios permitió que los soldados romanos y sacerdotes judíos destruyeran a Jesucristo. Luego, en el año 70 D.C., Roma destruyó miles de judíos –y el último templo levítico- bajo el comando del General Tito. ¿Será que Dios quiso trasladar Su santo templo a la capital de Roma, para que ésta fuera la capital universal y religiosa del mundo? ¡No! (Apocalipsis 14:8; 17:5: 18:2).

 

Una vez que Ud tenga pleno uso de ese modesto libro (y complicado manual de vida) restaure su relación con los humanos, sus semejantes, sus vecinos y ex-amigos: Esta es la manera en que Ud podrá experimentar el poder que Jesús cedió a Sus creyentes en Mateo 16:18. Los creyentes, no la comunidad de creyentes (Iglesia) experimentarán –individualmente- el poder que tienen sobre la muerte (cesación de la vida en este plano que conocemos como vida). El creyente verdadero tiene poder para liberar de pecados (desatar) a quienes realmente les perdonemos las faltas que nos hayan hecho, en lo personal. Esto de que “tengo poder para juzgar o condenar” a cierta gente, acá en la tierra, sólo aplica cuando soy parte autoritativa, digna, y miembro de algún tribunal que actúe de acuerdo con la ley y tenga autonomía –separado- de las iglesias: “Dad al César lo que es del César, y dad a Dios lo que es de Dios” (Marcos 12:17). En otras palabras, mientras Jesucristo termine de edificar a los miembros de Su iglesia venidera, el Estado ha de estar separado de la Iglesia; pues, a ciencia cierta –históricamente, por decirlo así- Jesucristo es el único hombre que haya rechazado tajantemente todos los gobiernos y las vanaglorias del mundo (Mateo 4:8-8). Rechazó la oferta de ser el líder de una revolución contra el Imperialismo de Roma (Juan 6:15), simplemente porque sabe quién es y conoce el rol que el Padre le ha asignado para el bien de TODAS las naciones. ¿Quién de nosotros no tropezaría ante tales ofertas, si fueran lícitamente viables? Si alguno me propone candidato para alguna alcaldía, si se compromete a financiar la campaña electoral y HASTA MANIPULAR LOS RESULTADOS ELECTORALES, me negaría a no caer en esta tentación? Sé de cosas extrañas pero, se imagina si el diablo se mete en el cuerpo de otro y lo tienta con un poder para controlar y dirigir una decena de naciones, dándole a disfrutar de su gloria, ¿rechazará Ud la oferta de privarse de comer lo que quiera, de beber lo que le provoque y de acostarse con las mujeres más bonitas y finas de cada país? Dios sabe sus limitaciones y el diablo conoce sus debilidades ¿qué pasó con cada persona y cada Iglesia mundial?

 

Babilonia se está cayendo. Este nombre, al efecto, significa confusión y libertinaje. ¿Habrá otro momento en el mundo más confuso? Matrimonios legales con individuos de un mismo sexo… ¿por qué no casar a los sacerdotes católicos y darle curso natural al drenaje de sus emociones?

 

Han hecho un ídolo de una idea paulina (el celibato), pero no se puede castigar a nadie por los delitos de una institución que lleva siglos litigando con los mismos problemas. ¿Sólo los católicos los únicos que tienen rabo de paja? ¡No! El problema es de todos, globalmente y, por eso, no podemos condenar con autoridad. Además de todo el ridículo que intenten hacer ver del catolicismo –porque el mal uso de la sexualidad trasciende la iglesia y las culturas- quiero invitar a la reflexión a quienes digan “no creer en nada”, por causa de una minoría que usa y abusa el nombre de Dios y, razonablemente, tienen muchas culpas por su recurrente idolatría, por no ser dignos representantes de un rol que no les corresponde con exclusividad y, el papel de “salvar a la gente no es de la iglesia”, sino del Señor que la salva y edifica para la eternidad: Jesucristo.

 

Les invito a leer más de la Biblia. Hay mucho que entender -y practicar- particularmente a la “luz” de las prácticas comunes en nuestros hogares y congregaciones. Sólo allí –con esos libros- la guía del Espíritu Santo, nos llevará a la libertad que nos hace libres (Juan 8:32).

 

No creo, por otro lado, que haga bien callar un pecado "secreto” manifestado bajo la autoridad sacerdotal del “santo padre” (me identifico con las palabras de Ezequiel 34). Si el cura de Colombia es culpable, si el cura de Roma o Francia sabían de los abusos sexuales sobre niños -y no los denunciaron oportunamente- más pronto que nunca, pagarán por la complicidad de tales delitos ¿Por qué no asistir a una misa en USA, entonces?. Su seguridad personal es lo que teme... pero “El que no la debe, no la teme”.

 

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