Las piedras estaban siendo amontonadas, Meneaban la cabeza y hablaban entre ellos: ¿Que vergüenza? ¡Esto no se puedo consentir, Esto mancha el nombre de Israel y ofende los mandamientos de Moisés! Mientras discutían entre ellos, vestidos con sus largas túnicas, llenas de flecos, seguían recogiendo piedras, mientras tanto, no lejos de ellos una mujer yacía en el suelo sus ojos estaban llenos de lagrimas, y su corazón compungido, latía entre taquicardias. Le faltaba el aire, ni su rostro levantaba, toda ella era como un animal, preso en las redes. Si es cierto había sido descubierta adulterando, era digna de muerte, este era el mandamiento de la ley.
Con sus faldones llenos de piedras, la levantaron violentamente, se podía escuchar los insultos, los reproches, los gritos indiscriminados de aquel pelotón de fusilamiento. La mujer se tapaba los oídos con las manos, mientras era arrastrada, por aquellos "santos hombres" Alguien aparece en escena, acompañado de una gran comitiva, uno de aquellos hombres un principal, alguien eminente, suelta a la mujer y se dirige, hacia los hombres que acababan de aparecer. Es Jesus de nazaret, dice uno de los verdugos, veamos dice otro, a ver que le parece a El todo este asunto, sin duda estará de acuerdo conque la apedreemos, por supuesto, comenta otro, él conoce bien la Ley. Cuando el principal llega a donde estaba Jesus, no sin antes carraspear un poco le dice, Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio, y en la ley nos mando Moisés apedrear a tales mujeres, Tu, pues, ¿Que dices?
Quizás sabes la historia, ¿ eres tú de los que arrojan las piedras, o eres de los que mira primero su propio corazón? Gracia por perdonarme Jesus. GRACIAS.

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