Muchas comedias nos muestran situaciones bastante simpáticas en donde los protagonistas, o son unos cómicos que provocan la desesperación entre sus vecinos o se embarcan en una sucesión de equivocaciones que hacen que los espectadores esperen con nerviosismo el desenlace, el que generalmente se explica porque alguien comento una situación en forma equivoca.

Pero la verdad es que estas situaciones son muy reales y suceden en forma espontánea, luego  son recopiladas para ser representadas en el cine o comentadas por los humoristas, y terminan por hacerlas tan populares, que por conocidas se cree que jamás existieron de verdad.

Pues bien, hace muchos años, para una cena de etiqueta, la primera mujer de John Rockefeller hijo, le solicito al director de la orquesta, Meyer Davis, que tuviera la amabilidad contratar músicos para la orquesta y que fueran solo instrumentos de cuerdas, es decir quería 10 violines.

Cuando faltaban solo tres días para la fiesta, el director rápidamente juntó a los músicos que necesitaba, pero a última hora, como siempre sucede en estas situaciones en donde todo tiene que funcionar como un reloj, uno de los violinistas cayo enfermo. Desesperadamente, Davis comenzó a hacer llamadas telefónicas para dar una solución a su problema, pero a este le fue imposible encontrar un reemplazante.

Estando a solo minutos del comienzo de la cena en forma oficial, el director le pidió a un amigo pianista que siempre era un acompañante de sus giras que le hiciera un favor. Este consistía en lo siguiente: como la señora Rockefeller deseaba que hubiera 10 violines en la orquesta, había que complacerla, y le pedía a él, que fuera violinista solo por esa noche.

El pianista le dijo que él no tenia idea de tocar el violín, ya que como el director sabía, su profesión era pianista. El director le propuso sentarse tranquilamente entre los músicos e hiciera como que tocaba el violín, y para esto Davis saco el suyo de su estuche limpiándole la resina al arco para que no emitiera ningún sonido.

El pianista, sin ser violinista termino siendo un excelente actor. Con su mudo arco, que deslizaba por las cuerdas sin sacar ninguna nota, realizo su imitación a las mil maravillas, tanto fue su empeño en la dramatización que parecía este transportado como todo un gran maestro del instrumento.

Unos momentos después la señora Rockefeller le pidió a Meyer Davis, el director,  unos minutos para conversar en privado. Le menciono que ese violinista le parecía un artista de primer nivel, y pidió su presencia en el escenario para que los deleitara con un solo.

El director tuvo que poner a trabajar su cerebro con extrema rapidez, y le informo a la señora Rockefeller que no solo era un excelente artista, sino que tocaba varios instrumentos, como el piano, por ejemplo, que dominaba aun mejor que el violín.

Entonces, sacando el piano al centro de escenario, el violinista actor, pudo dar el mejor concierto de toda su vida.

Eldoctorjones                                                    Visita mi blog.

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