Por los años ochenta del siglo veinte laboraba por el ex fundo La calera,en Surquillo, Lima, Perú, un experto electricista en las distintas obras que poco a poco iban perfilando las diferentes urbanizaciones de dicho lugar.

Arequipeño de nacimiento, contextura normal, baja estatura, con  clásicos bigotes, y una sonrisa a flor de labios,  daba luces de un carácter tranquilo, sereno y amigable.

Todos los habitantes de la zona lo conocían como el Mejicano.

Luego de la jornada semanal, se reunía con el maestro de la obra, albañiles, gasfiteros, electricistas, y otros obreros de la cosntrucción, en conversaciones  que se matizaban con los tragos y comidas del caso.

En momentos que las copas habían alegrado el espíritu de  los trabajadores, la inhibición, pasado al olvido y habiéndose calentado la garganta, el  Mejicano, a pedido de los asistentes, entonaba  su reportorio de canciones mejicanas, en el cual no faltaba AY Jalisco no te rajes, Allá en el Rancho grande. Adelita.y otras del mero Méjico ,

Lo expuesto le ganó el apelativo de El Mejicano.

Su experiencia, estudios universitarios de Ingeniería ( dos años),el roce con los trabajadores de las distintas especialidades técnicas, el uso por su recomendación de buenos materiales, aparte de  ciertos trucos o técnicas de su propia cosecha, así como precios asequibles , le ganaron una buena clientela.

El Mejicano  trabajó muy buenos años por la zona, hasta que la crisis de los noventa, la añoranza del terruño y de su familia, le indicaron la fecha del retorno a su querida  Arequipa.

Cuando los pobladores de La Calera conversan sobre los constructores, la pregunta inevitable que surge es la siguiente:

Y Cómo se llama el Mejicano?

Todos responden lo mismo: No lo sé

El Mejicano  es el Mejicano, ha sido el Mejicano, y siempre será el Mejicano.

 

 

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