Dios es el autor de dos grandes libros que puso a disposición de la humanidad: la Naturaleza y la Biblia. Es necesario tener fe para leer y comprender tanto el uno como el otro.

Un sencillo paseo proporcionará mil oportunidades para maravillarnos: una flor, la forma de su hoja, el insecto posado en ella… Todo, absolutamente todo, desde lo infinitamente grande hasta lo infinitamente pequeño, da testimonio del poder creador y de la perfecta sabiduría de nuestro Dios.

El creyente informado de los más recientes descubrimientos científicos queda extasiado ante la complejidad y perfección de la creación. La naturaleza también nos habla de la bondad de Dios, quien quiere el bien de su criatura y que ha hecho un mundo tan armonioso y bello. ¿Por qué, contra toda lógica, ciertos científicos rechazan la existencia de Dios? Una de las razones es de naturaleza moral: reconocer que Dios existe es admitir que algún día tendremos que rendir cuenta de nuestros actos.

Negarse a escuchar al Creador conduce a los peores desastres en nuestro comportamiento y en la salud (véase Romanos 1:26-32). El estado de contaminación que sufre nuestro planeta de manera acelerada y generalizada también resulta de ese desprecio hacia Dios.

Invitamos a los jóvenes, en particular a los estudiantes, a no dejarse influenciar por las diversas teorías que el mundo desarrolla para destruir la idea misma de un Creador.

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