El jengibre es una especie en torno a la cual, gira toda una cultura culinaria como una sustancia, capaz de prevenir e incluso remediar enfermedades.

El jengibre se cultivaba originalmente en la India, China y el sudeste asiático, aunque ahora crezca ya en muchas  otras zonas tropicales. La parte utilizada de la planta es el rizoma, una raíz jugosa y de formas caprichosas. El jengibre fresco, es un maravilloso aromatizante y se utiliza en bebidas (ginger) como en comidas, galletas, panes, bizcochos y salsas.

Estudios recientes han confirmado que es más eficaz que las medicinas convencionales para aliviar náuseas, infecciones gastro intestinales, resfriado y gripe. En su uso interno se toma en infusiones (utilizándolo molido o rallado) Se hierve el agua y se incorpora el jengibre, por lo que calcula entre 1 y 3 grs. por taza de agua. Se deja luego reposar durante 5 minutos y se cuela. Tiene un sabor aromático y picante y puede beberse hasta 3 tazas diarias. Si se está resfriado o con gripe, se puede agregar limón y miel a la infusión ya colada.

Cómo actúan sus principios activos: El aceite volátil y la oleorresina, sus dos componentes principales, lo convierten en un eficaz remedio natural . Pero además de las anteriores utilizaciones, se emplea además como antiinflamatorio, antiséptico, estimula la circulación de la sangre, ayuda a bajar la presión sanguínea y es muy bueno para el tratamiento de la anorexia (pues estimula el apetito). En la medicina china, el jengibre fresco se utiliza para resfríos, fiebres, jaquecas y dolores musculares, y el seco (en polvo) para casos de frío interno, como manos frías, pulso débil y palidez. Qué más podemos pedir a esta valiosa raíz?.  

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