Otra vez Elisa Carrió ha pateado el tablero. ¿Reminiscencias de Leandro N. Alem: que se rompa, pero que no se doble?; ¿o, simplemente, purismo intransigente?

Confieso que no sé. ¿Tendrá razón Carrió? ¿Y si tuviera razón? ¿Será una eterna incomprendida? ¿Será su cruz que los argentinos debamos equivocarnos una y otra vez, para luego reconocerle aciertos que enseguida volveremos a olvidar? ¿Será Carrió una moderna Sísifo de la política, eternamente condenada a decir verdades tan necesarias como insoportables?

Hay Lilita! Te he admirado tanto. Pero, lo reconozco, yo también tengo un dilema a lo Hamlet. Lo diré más simple: ya no sé si te quiero o no, ya no sé si te votaría. Lo mío es apenas anecdótico. Pero deja de serlo si lo multiplicamos por miles. Porque, Lilita, creo que lo me pasa a mí, le pasa a muchos. Sí, ya sé, hay gente que te bancará siempre. Como también están los que nunca te han querido. Pero creo que el problema lo tenés con quienes te han querido, pero ya no.

Veo que te vas quedando sola. Presiento camino sin retorno. Y es una pena. Es injusto. Es increíble que por ahí haya algún político que, si se decide tal vez tenga una oportunidad; mientras que a Lilita la ciudadanía parece haberle bajado el pulgar.

¿Serás una adelantada y no estamos preparado para oírte?, ¿O será que, simplemente, nos asustás porque te vemos soberbia? ¿Sos realmente soberbia? ¿El problema sos vos, o somos nosotros?

Hay Lilita! Sabés, yo te entiendo, porque a mi pasa lo mismo que a vos. Está bien, no siempre tengo razón, pero sí el 90% de las veces! Para un goleador de fútbol es mucho más fácil: su virtud es objetiva y, por lo tanto, indiscutible. En cambio, no existe un equivalente a la tabla de goleadores para los que aciertan en política. Si la hubiera, irías primera, con seguridad. Lo que pasa es que la gente prefiere mirar tus desaciertos. Y esa es tu cruz.

Tal vez, para esbozar una verdadera explicación sobre Elisa Carrió debamos superar las disyuntivas. Digamos entonces que el problema es ella pero que, también, somos nosotros.

Es ella, porque su virtud es, en el límite, su talón de Aquiles. Acordemos, por un lado, que la intransigencia en los principios es una virtud. Concedamos, a modo de supuesto, que si Carrió mantiene su firmeza mientras otros negocian lo innegociable y concilian lo no conciliable, es ella y no esos otros quién tiene razón.

Pero, la tentación ante tal virtud abre las puertas del fundamentalismo mesiánico. Y ese es el pecado de Lilita. Sí, digámoslo sin eufemismos: Lilita cruza la raya y se pone intolerante. Tememos entonces que ese huracán bravío nos termine arrastrando. Es una paradoja: Lilita es tan lúcida que se pone ciega. Uno fantasearía con ayudarla y poder decírselo. Pero daría miedo: ¿y si nos confunde con el enemigo?

Es ella, porque es tan lúcida, pero a la vez tan ingenua. Sí, creo que te entendí cuando explicabas tu aparente misticismo que tantos votos te hizo perder (sí Lilita, perdiste votos por eso!). Si es tan simple: la ética está en la vida, lo cual incluye a la religión, a la política, al amor. Pero el problema es que no todos te entienden. Entonces, lo quieras o no, estás ante un dilema: si decís todo lo que pensás nunca serás Presidente; pero si callás algo, te traicionás y no sos Lilita. Entonces uno querría ayudarte y decirte: “pero Lilita, yo te entiendo, pero esto te hace perder puntos, ¿no podrías obviarlo?” Pero si te lo dijéramos te enojarías con nosotros. Moraleja: no te dejás ayudar. Y así no se puede.

Sí Lilita. Sos tan lúcida como ingenua. Yo te entiendo: tu límite es Macri, es Duhalde, es Cobos, es De Narváez, es Kirchner, etc. El problema es que la mayoría de la gente que te dejó de querer también simpatizaba con un Cobos, con un Macri o con un De Narváez. Entonces, te lo digo porque te quiero, tenés otro problema: una Lilita de pura cepa siempre estás atacando, pero, a veces, con esos ataques herís el corazón de la misma gente que te quiere. No sé cuál será la solución a este mal, pero sabé que estás ante un problema. ¿O no te importa?

Pero también somos nosotros. Está claro y es simple: tememos que una Presidente se desborde, que se deje ganar por la pasión, o por el misticismo. ¿Y si se descontrolara? Pero nos valemos de ese temor a lo desconocido para atacar a la Lilita virtuosa que es la única que se anima a decir lo que hay que decir, sin anestesia, sin cálculo mezquino. Y ese es nuestro pecado como ciudadanos: nos rasgamos las vestiduras porque todos los políticos terminan pactando, pero cuando aparece una Lilita la acusamos de intransigente. Hemos dados tantos cheques en blanco a más de un impresentable bien presentado; pero a Lilita, no, porque “ella crítica a todos” Así somos. Así nos va.

Termino entonces mi carta con estos pensamientos:

Lilita Carrió. Podrías haber sido Presidente. Tal vez no llegues. Tu misma virtud quizás te jugó en contra. Ese es tu karma. Tal vez te quedes sola en el desierto de los virtuosos incomprendidos. Ese es tu infierno político. Es triste. Es injusto. Pero puede ser real.

Elisa Carrió: la política que quiso estar cerca del cielo, pero terminó en su propio infierno. Aunque se enoje conmigo, que siempre la he admirado, ese es su absurdo.

PD: Hay Lilita!. ¿Y si te votó? ¿Y si me tiro a la pileta? ¿Y si vos también nos ayudás a que podamos tenerte fe?

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