EL HOMBRE QUE QUERIA SER POETA

 

Despertaba en esas frías noches de verano, lleno de hermosos pensamientos, los cuales descendían como torrenciales lluvias sobre su creativa mentalidad, producto de sus largas horas de meditación, las cuales alejaban inmisericordemente el dulce sueño que anhelaban tanto sus ojos. Escalaba sigilosamente asta la techumbre, deseoso de plasmar entre los papeles su floreciente imaginación, que corría como un caudaloso rio por su mente creativa. Se acomodaba su saco cello de tortuga, dando paso a su delirante inspiración que se desbordaba entre sus labios mientras se acomodaba sobre su viejo escritorio compañero fiel en sus largas horas de lectura, despertando de esa manera al naciente poeta que había en el y que deseaba salir a ver la luz del día, por que asta ese momento, solo le había permitido declamar ante un auditorio vacio de espectadores y de cuyas presentaciones no guardaba registro alguno, porque su creatividad, solo volaba como esas aves nocturnas en esas noches oscuras sin dejar rastro ni huella en los espaciosos cielos de su soledad. A lo que no estaba dispuesto, porque sus medidas, comparado con las de otros poetas, alcanzaban los mismos cielos. Las titilantes estrellas despertaban su inspiración, como si susurraran a sus oídos las mas hermosas palabras que embriagaban sus sentidos, siendo transportando a un mundo mágico de inigualable belleza, atreves de las hermosas palabras que el había sustraído de entre viejos libros ocultos entre anaqueles, los cuales el guardaba como el mas precioso tesoro en un cuartucho polvoriento, sobre el tejado de su casa, pero siempre que trataba de llevar a las amarillentas paginas, esos hermosos cantos de sirenas que fluían a borbotones desde lo profundo de su ser, le sucedía lo mismo de siempre, teniendo que volver a la cama vacía, con otra nueva derrota, porque no podía encausar el caudaloso rio de su imaginación, al mar de la escritura.

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