Las jornadas mundiales de la juventud tuvieron tal éxito en septiembre de 1997 que un editorialista de renombre las comentó de la siguiente manera: “El hombre necesita a Dios. Es necesario que salga de sí mismo. Sueña con el cielo, con la salvación y con él más allá. Los príncipes del materialismo no lo comprendieron. La sociedad sin Dios que el mundo nos prepara es una sociedad de fantasmas”.

La Escritura llama “necio” a quien dice en su corazón: “No hay Dios”. El apóstol Pablo declara que los hombres son inexcusables porque en la obra de la creación se puede discernir el eterno poder y la divinidad de Dios (Rom 1, 20). Pero este conocimiento no basta para darnos la paz. El gran Dios creador también es el Dios salvador. El mismo lo declara: “No hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí. Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra” (Is 45, 21-22).

Esta invitación de Dios muestra todo su amor: “Dios… quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad… Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos” (1 Tim 2, 4-6). “Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos” (Heb 12, 25).

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