Se cuenta la siguiente historia: Un gato vivía en un buque carguero. Una tormentosa noche el buque encalló en una costa rocosa. Durante el salvamento de la tripulación se olvidaron del animal. Después, un marinero volvió al buque accidentado para buscarlo. En ese momento el gato estaba comiendo en la cocina. Cuando lo vio entrar trató de escaparse de él continuamente hasta que el hombre, sin lograr su propósito, tuvo que abandonar el buque naufragado. Por fin el gato estuvo tranquilo… hasta que el barco se hundió completamente.

Es triste pensar que muchas personas tienen la misma actitud; siguen la corriente de este mundo diciendo: “Comamos y bebamos, porque mañana moriremos” (Is 22, 13). Efectivamente, corren gran peligro, pues la Biblia nos enseña que todos los seres humanos son pecadores y “están destituidos de la gloria de Dios” (Rom 3, 23). Además dice claramente: “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hb 9, 27). Muchos viven sin preocuparse de esta advertencia, como si su alma no corriese peligro. Y cuando Dios quiere mostrarles su amor y les presenta al Salvador que murió en la cruz para que seres pecadores pudieran ser salvos, huyen de él o cierran sus oídos y su corazón al Evangelio.

Esta es la invitación de Dios: “Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Rom 10, 13). Pero igualmente cierto es lo que el Señor Jesús dice en Lucas 13, 3: “Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”.

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