En una casa citadina vivían una viuda con dos hijas solteras.

Doña Becha  y sus hijas Cafla y Charoma, tenían múltiples ocupaciones, entre ellas  la de alquilar habitaciones en su espaciosa casa.

Sus inquilinos iban y venían hasta que llegó  un simpático personaje Dogor.

Demás está decir que Dogor alborotó el gallienero incluyendo a la empleada de servicio Taquifla.

A buen entendedor , pocas palabras.

Con su juventud, habilidades y picardía  atendía muy bien a tan apreciable familia,

Su felicidad duró muchos años.

En su pequeña caseta, el perro guardián Monro acompañaba la felicidad de la casa.

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