Una vez rebasado el ecuador del mundial de Fórmula 1, podemos ver que, muy probablemente, el campeón será Jenson Button. En todo caso, si alguien es capaz de plantarle cara son los Red Bull de Webber y Vettel, pues ni siquiera Barrichello, con el mismo coche, parece estar a la altura.

¿Y los grandes? Ya que están fuera de combate (el mejor, Massa, a más de 40 puntos del líder), es tiempo de rumores y más rumores. Que si Raikonen quiere ir a los rallies, que si llegan nuevos pilotos, cada vez más jóvenes...

Y, cómo no, la misma noticia vuelve a salir, como hace durante los últimos años: Alonso a Ferrari. Y este es el año que debería pasar: los dos pilotos de rojo no dan la talla (aunque no la han llegado a dar en ningún momento) y el Renault del español, aunque mejora, no acaba de estar arriba. Cada año se publican nuevos detalles de la futura relación, pero deberíamos poder tener respuestas concretas (que no llegan) de por qué no acaba de fructificar.

Como yo no dudo que Alonso acabará pilotando un Ferrari, tarde o temprano, la cuestión que me planteo ahora es: ¿Qué esperamos realmente de Alonso en Ferrari? ¿De verdad será un nuevo Schumacher? Porque eso es lo que parecen querernos vender.

Pero la Fórmula 1 ya no está como estaba antes. De hecho, la ausencia de los grandes en los primeros puestos no es sólo una cuestión del trabajo mal hecho. Así que Alonso peleará por el título de nuevo, pero no se paseará como lo hizo Schumacher.

La otra cuestión: ¿Qué dirán los periodistas españoles cuando las órdenes de equipo favorezcan al español, cosa que en Ferrari sí ocurre? En fin, la Fórmula 1 no está en su mejor momento, y la simple llegada de Alonso a un coche competitivo no hará que este deporte en sí vaya a mejor, aunque algunos crean que sí.

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