Fue a Timoteo, su hijo en la fe, a quien el apóstol Pablo escribió su última carta, antes de sufrir el martirio. El joven discípulo tuvo que haber reflexionado más de una vez en su mente sobre las últimas recomendaciones del apóstol.?

Éste le recordó la fe de su abuela y de su madre. Se podría pensar que la enseñanza y el ejemplo de Pablo mismo eran muy suficientes; sin embargo, al Espíritu de Dios, quien inspiró esta epístola, le pareció bien dejar en el corazón de Timoteo el recuerdo de su infancia y de la piedad de aquellas mujeres fieles que lo criaron.?

También nosotros, si tuvimos padres piadosos, somos invitados a recordar el ejemplo que nos dejaron. Ellos fueron los primeros en hablarnos del Señor Jesús y de su gracia, los que nos criaron en un ambiente propicio al contacto con Dios, quienes leyeron la Biblia y oraron con nosotros. Seamos agradecidos con ellos y con Aquel que nos los dio.?

Y si tenemos el gozo y la responsabilidad de tener hijos, pensemos en el ejemplo que les damos desde su más tierna infancia y en toda ocasión. Mediante nuestra conducta de todos los días podremos alentarlos a vivir por la fe.?

Que nuestras casas sean los lugares donde Dios sea honrado, la Biblia leída y meditada cada día, la oración un verdadero hábito, la paz mantenida y la alegría constante.?

“La paz de Dios gobierne en vuestros corazones… y sed agradecidos”. (Colosenses 3:15).

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