Desde la llegada del cristianismo al continente americano, la imagen de Jesús traída a nuestro hemisferio tiene una fuerte carga europea, tanto en doctrina teología, como en iconografías o advocaciones; es decir tenemos un Cristo respaldado en la filosofía griega (platónica y aristotélica) con un sin numero de dogmas, y un aspecto físico de rasgos finos, de tez blanca, un Cristo sumiso al poder eclesial y político.

Sobre estos aspectos creo que es necesario puntualizar algunas cosas, el verdadero Cristo latinoamericano, nunca seria de tez blanca, al contrario, tendría el rostro moreno como nuestro pueblo, con los pómulos paspados de tanto trabajar bajo el sol; los ojos no serian azules nórdicos, sino mas bien café oscuros, pero eso si, llorosos de tanta injusticia y discriminación para con su pueblo; las manos del Cristo latinoamericano no serian finas y esbeltas como las vemos en las iglesias y películas, en contraste tendría unas manos rajadas, ásperas y sucias de tanto trabajar por un sueldo de hambre y explotación; los pies del Cristo latinoamericano no serian limpios y celestiales, por el contrario, los tendría sucios, con mal olor, destrozados y cansados.

Esta visión fisiología - teológica de Cristo, no es muy bien vista en algunos círculos eclesiales y sociales, por varias razones, entre ellas la visión paternalista que maneja la iglesia en Latinoamérica, tampoco le agrada a los pequeños grupos de poder que existen en nuestro continente ver a un Cristo con rasgos Indios, por razones tanto políticas como xenofobicas, ya que si se genera conciencia de un Cristo indio, los pueblos oprimidos y discriminados podrían llegar a levantar su voz (como en Chiapas – México)

Los defensores de la teología tradicional ven con desconfianza y temor la concepción de un Cristo indio, y es que si leemos con detenimiento los evangelios nos encontramos que Jesús tenia un mensaje totalmente confrontado con los poderes políticos, económicos y eclesiásticos de su época, llegando a ser un verdadero dolor de cabeza para los encumbrados en el poder, por eso es que lo torturaron y crucificaron.

Transpolando o contextualizando este mensaje en nuestro continente, tendríamos un Cristo indio, predicando si sobre el amor, pero no ese amor apático que lleva a la aceptación de las desigualdades e injusticias a cambio de la promesa de una tierra prometida o un paraíso celestial después de la muerte, que se desliga de la responsabilidad de luchar por una sociedad mas justa y mas inclusiva.; por ello es que pensar en un Cristo indio resulta peligroso, ya que este no fue y nunca será un personaje apático con su pueblo, mas al contrario vive y sufre junto con el, pero no solo ello, sino también proclama y reclama por justicia y solidaridad, sin injusticias ni esclavitudes, su mensaje no buscaría el consuelo de un cielo lejano, sino mas bien reclamaría firmemente por trabajo, libertad, salud para todos, y no solo para los ricos y poderosos; el Cristo INDIO, entraría nuevamente al templo, pero no para escuchar los aburridos Tedeum cargados de mensajes políticos, sino mas bien para volver a gritar “esta es la casa de mi Padre y la han convertido en un mercado”, volvería a lanzar chicotazos para sacar de ahí a los poderes eclesiales que se venden al mejor postor dándole la espalda al verdadero DIOS y a su pueblo; el Cristo INDIO latinoamericano repartiría nuevamente el pan y el vino como símbolo de su entrega y sacrificio, pero no en las iglesias y templos donde solo acceden a estos los dizque buenitos bautizados (estropeados) previo cumplimiento de dogmas y requisitos, por el contrario lo haría en los barrios pobres, con los marginados, con las prostitutas y desempleados, con los abuzados y torturados, con las madres solteras, con los chicos cleferos que viven en la calle, con los enfermos de SIDA, con los niños y mujeres violados; el Cristo Indio haría temblar a los poderes políticos, económicos y eclesiales y por ende volvería a ser crucificado por las mismas estructuras de hace mas de dos mil años, y de igual manera resucitaría, en cada grito de justicia, de oración hecha acción; es por esto, y muchas cosas mas que cae mal a mucha gente la visión de un cristo indio, sin embrago, ya esta en medio de nosotros, en la cosecha de la papa, en los zafreadores esclavizados, en las fabelas y villas cartón, en los desclasados y explotados, ya esta con nosotros, y pucha caray que prefiero a mi cristo indio latinoamericano

Marcelo Miranda Loayza

Lic. en Ciencias Religiosas

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