El día fue muy cálido. Carlos padeció un singular dolor de cabeza, así que paró de trabajar cerca de las 6:50 pm. Al llegar se duchó y, reticentemente, respondió a las preguntas que los de la casa le hicieron. Siguió de largo y, de la cocina, se metió en el cuarto que compartía con Mónica.

-¡Mira, Carlos! Aquí tienes el dinero por las cartas que entregaste ayer.

-¡Gracias, Yasmira!

En silencio, Carlos no hizo ningún reparo. Tomó el viejo billete, sin revisar ni detallar, y lo hizo a un lado, colocándolo en una repisa cercana a donde dormía. Acto seguido, prosiguió a comentarle algunos detalles de trabajo del reparto de la correspondencia. Al quedarse a solas, volvió a examinar el billete y pensó para sí.

-¡Buena vaina! –haciendo una pausa solemne- ¡Qué bueno! Estoy por terminar. Es tiempo de pagarles, con algo, toda esa gama de favores y amabilidades que esta gente buena me ha dado. Pero -si fuera por los honorarios- con este sueldo de muerte (menos de 10 mil pesos al día) no podría vivir sin la hospitalidad de Mónica en medio de ellos.

Ese empleo lo considera temporal y, aún así, le ha permitido contactar a una cantidad desmedida de personas. De haberlo tenido al principio de su llegada -le parece- hubiese servido para repartir apropiadamente su publicidad junto con cada carta, ofreciendo así sus servicios personalizados y le habrían conocido por ese trato más directo.

-¡Bárbaro! Sabe Dios porqué pasan así las cosas. La cantidad de días que han pasado improductivamente…

Sofocado, se deshizo del paquete que traía de vuelta a la casa, donde vivía con Mónica y su hospedadora familia. La cabeza le dolía por el calor extenuante y, sin mediar palabras, se lavó la cara y se marchó.

-¿Sólo son 5.000 pesos? –cerrando la puerta corrediza, tras de sí- ¡Hmm! –frunciendo el ceño, todavía grasiento- ¿Gano $150 por cada sobre? -pensativo- He trabajado más de 5 horas para ganarme ésto…

No había rodado con la bicicleta prestada más de 5 cuadras, cuando fue reconocido en el camino y le sorprendieron al paso.

-¡Hola, Teacher! ¿Qué hace Ud. por aquí?

-¡Martha! Voy de paso. Iré a la panadería ¡Tengo hambre! ¿Sabías que tu hermana perdió el trabajo?

-¡Mi hermana? –sorprendida, clavando su mirada en Carlos.

-¡Sí! Katrina –dubitativo, contrapreguntando- ¿No te ha dicho nada, Martha?

-¿Y cómo es que Ud lo sabe?

Haciendo una de sus muecas, con ademanes, explicó exhalando y relajado.

-¡Soy cartero! Y llevo y traigo noticias –lanzando una de sus rápidas sonrisas.

Era graciosa la cara de aquella furtiva sorpresa. Carlos le refirió más detalles al asunto de la joven que encontró de pie frente a una casa, a su paso por aquellas carreras y calles transversas.

-Así, me parece, Martha. Debes hablar con tu hermana y animarla; no sea que se descuide y pierda sus oportunidades de estudio profesional. ¡La juventud no es eterna!

-¡Correcto!... Pero cuánto bien le trae ese trabajo de cartero: Las noticias le vienen de primera fuente.

-¡Ja, Ja! Si no me conocen por darte clases de Inglés –remilgó- ¡Al menos por cartero! ¿Qué iba a imaginar que la gente “me detalla”? Algunos -muy amables- me saludan al paso, se ofrecen a ayudarme y me “colaboran”. A veces no entiendo las palabras que me dicen, pero sí sé que me entienden: Muchos son muy atentos cuando se lo proponen.

-¡Así es! –asintió Martha- Uno es lo que se propone… ¿Ya se va?

-¡Así es! Tenga un buen día. Debo seguir con este oficio.

 

Los días se sucedieron rápidamente. Un mes trascurría entre comidas, sol en abundancia, en un pueblo de la costa que tiene extemporáneamente algunas ventajas turísticas… Pero toda Colombia tiene problemas de empleo (mucha competencia de mano de obra, aunque por sueldos miserables). Se come bien y hay comida de sobra por el excedente de productos que no se están exportando a Venezuela debido a un año del bloqueo comercial impuesto por el gobierno “revolucionario” desde el 2009... De hecho, uno camina un par de cuadras y puede comprar leche fresca y pura de vacas a $1.000; esto equivale a 0,5 de dólar cada ½ litro. Hay mucha carne de res y de mujeres...

-¡Adiós, Señor Cartero! ¿A dónde “va de afán”?

-¡Antonio! –replicó Carlos, girando de un todo la bicicleta- ¡Qué rápido aprendes el idioma!

-¡Ja, ja! Me voy mañana. ¿Tienes tiempo de conversar? Te invito al hotel donde me hospedo. Te tomas un café y nos ponemos al día.

-¡Bien! Altero los planes de urgencia y te sigo a donde digas.

Caminaron a lo largo de la 1ra carrera. No preciso en qué lugar se sentaron a conversar, pues, me quedé absorto contemplando el mar: Me sentía cansado.

-El asunto "mío" es que el fósforo -de estos pescados frescos- me tienen "acelerado" y, un viejito calvo (de mi edad) no debe andar con esos acelerones "horm-ionales" –refería Carlos.

-¿Mucha sopa o fritos juntos? –inquirió Antonio, atento a más respuestas- Esa “contaminación”, por fósforo, te tiene como carajito sin pañal.

-¡De todo! La comida es muy balanceada y, ciertamente, han hecho bien en recortarme la ración; aunque, por las noches, me dejan a comer las raspaduras de arroz pegadas en la olla.

-¡Te engordan, vale! ¿Qué te parece si subimos para que veas algunas cosas que compré?

-¡Bien! Así aprovecho y echo una meadita.

-¡Pero dentro del perol! No sea que tengas mala puntería y me terminen de botar del hotel.

Carlos usó larga y debidamente el sanitario. Sin embargo, Antonio logró hallar un manuscrito de Carlos en ese reducido espacio. Había caído afuera de la cesta de la basura, arrugado en una esquina, como quien hace un tiro -con mala puntería- y abandona una bola de papel a un lado cercano a la caneca. Costó trabajo identificar aquellas letras. Si Carlos hubiera sido doctor, se justificarían esos trazos jeroglíficos; sin embargo, lo transcrito por Antonio es lo que parecía decir la mente de Carlos.

“La ansiedad me desborda de emociones. Me parece no caber dentro de mí en medio de mi secreta algarabía. Hay una mezcla de cosas, de expectativas que me son familiares, más que esa natural nostalgia de las cosas que –indefectiblemente- voy dejando atrás.

Es posible que me reciban con abrazos, con cariños tiernos o con infantil euforia. Es posible que salga “un hola” de la indiferencia o que nadie note mi arribo, como pasa a cualquier viajero que lleve más de un par de maletas y sólo le ofrezcan ayuda o un servicio, a cambio de unas monedas... ¡No voy por eso!

La experiencia ha sido grata. Muchas cosas estuvieron fuera de los planes y, la verdad, el plan “B” de volver, no estuvo en mi lista del punch list.

Si extraño o me extrañan, no lo contemplo para nada. Hay tanto que escribir, que revisar, que sé que hoy no podré registrarlo desde mi impulsividad y neutralidad del alma.

Hay cosas que se dicen, que se piensan y nunca se publican por respeto. Hay secretos que deben morir con las acciones y las decisiones. Hay afectos que se desprecian o deponen como las hojas del calendario que vamos desprendiendo de nuestras vidas como estas canas que van cayendo, indefectiblemente, de los instrumentos que usamos para el arreglo cosmético de la cabeza ¡Así es! Hay cosas que dejaré afuera, sin darle más importancia, por la salud de la conciencia de los que están inconscientes de su cordura; del mismo modo, como piensan que mi cordura –a sus ojos- es locura.

Esa cocina, rodeada de voces y comentarios, la echaré de menos… ¡quizá! No tanto por sus femeniles tonalidades, sino por la generosidad de parte de una familia que me es ajena en lo consanguíneo, por esos comentarios o regañinas que morirán hoy conmigo.

Mi “vieja” Beatriz. Por varias cosas, ha revivido a la que sí fue “mía” y a la que se ha ido sin irse. Todas las madres, para bien nuestro, legan un patrimonio de ideas, de vivas experiencias, que ningún hijo trae desde la matriz.

Las arepas “de huevo”, más que nada, serán el reto que trataré de repetir cuando me venga en gana. Estos colombianos, si saberlo, tienen lo más sabroso ¡servido sobre sus mesas! (El secreto está en el aceite caliente con que uno la envuelva en cocerla al fuego).

Cuando esté lejos, al paso de una docena de horas, iré recordando la “comodidad” de mi estrecha cama. Ya no despertaré -a cualquier hora- apelmazado entre la incomodidad de un pegote sudoroso a borbotones.

Para mi bien, ya descansaré del estruendo de ese televisor sintonizado con cada gol y no me volverá a molestar “el pick up” del mal avenido vecino… Había contemplado el factor ruido, pero, en cierto sentido, estuve corto en muchas estimaciones…

Es posible que, la hija que no es mía, sea quien –de veras- me sorprenda con un abrazo. Es posible que la vea más alta, linda o distante. Sea como sea, me dará mucho gusto poderla ver y, pido a Dios que la madre la tenga limpia, aseada de ropas, que –si fuera mía- imagino lo mucho que discutiría.

Mi niña, la que biológicamente “me pertenece”, ya sé qué pide de mí… Es una pena que, como padres, en lugar de amar a las personas por quienes son, las “amamos” por cuánto nos dan y por lo qué nos dan… En ese sentido, soy un absoluto fracaso. Como padre no he sabido dar una buena y perdurable lección de vida. Como esposo -y pareja- he fracasado en todas las convencionales expectativas de quienes me eligieron. ¿Cuán lejos podré alejarme del error de una vida en pareja? (Si es que ahora me alejo de lo que haya hecho mal o desestimado, por mis convencionales razones).

No podría abandonarme a otra aventura de esta clase, si no dejo mi navío como un marino que descarga todo lo que haya traído a su costa, si no desarmo los maderos del naufragio ¡y hasta los mástiles he de soltar! para usarlos en la economía de consumo de combustibles…

Debo hacer como aquellos que, habiendo llegado a su isla, toman todo lo que les sirve y queman en una pira el pasaje de regreso… Mudarse de un país a otro, no es lo mismo que salir de camping en un día de turismo. Ahora comprendo, en alguna medida, lo que sienten aquellos que abandonaron sus familias, sus techos y afectos amigos…

Ese no ha sido mi caso. He dejado tantas cosas inconclusas, en manos de un azar que no era mío, que mi pérdida –en suma- será ganancia.

No seré optimista en ningún sentido. No sé qué he de hallar a mi regreso a mi hogar. El presente que dejo es abandonado, el futuro que reto es el mismo, sea en mi suelo o e el extranjero y, a decir verdad, esta lección me ha hecho ver la cantidad de bienes que desestimo (en terreno ajeno y suelo nato).

Mañana, en dos o tres días, quitaré una serie de obstáculos que imaginé ya no existían. Oiré cosas que –cuando Dios quiera- dejaré de oír y de sentir, y –como debe ser- iré viviendo ¡día a día! cada mañana a mi paso…                Julio 3, 2010 9:19am

¡Me tomaré mi descanso! Como en un reposo de guerrero.                 Carlos”.

 

 

Sirviéndole una humeante taza de café. Antonio comenzó a tratar de charla.

-¿Y cómo te has sentido, viejito?

-¡Vamos! No comiences tu interrogatorio... Me invitaste a ver algunas cosas que habías comprado.

-¡Uy! ¡Qué directo y susceptible! –espetó Antonio, irónico- ¡No fue mucho! Ya sabes cómo te tratan los de aduanas cuando intentas sacar ciertas cosas y no sé cómo te han tratado los de inmigración, en Venezuela.

-¡Esos hijos de su madre!

-¡Uy! Creo que me lo has dicho todo con esa expresión tan elocuente. ¿Decepcionado?

-¡Sí! Al punto que, si hemos de entrar en beligerancia, dispuesto estoy a unirme al ejército de esta bandera tricolor.

-¡Hmm! Radical y peligroso.

-¿Cómo ves las cosas tú, Antonio?

-Lo veo como un volcán. Si no se libera esa presión -como siempre- seguirá padeciendo el pueblo; pero no es un único problema de Colombia. Lo que pasa en Venezuela no sé cuanto perjudique al resto del mundo. Lo mejor es que el conflicto colombo-venezolano se internacionalice.

-¡Pregúntale al General Noriega!... Ese capo debe saber qué cuento crea el dictador éste.

-¡Shh! Las paredes tienen oídos. Acá no se puede usar ni talco, pues la DEA revisa cualquier clase de polvo blanco.

-El polvo sería liberarnos de ése, Antonio.

-¿Qué me cuentas de tu relación, Carlos?

-¿Qué relación?

-¡No te hagas el pendejo, viejito! –insistente- La mujer que te ama… ¿Cómo va eso?

Carlos hizo una pausa y volvió al baño. Sus problemas de micción le atormentaban –esta vez-por el frío aire acondicionado.

-¡Tienen que sacarle un tripero! No entraré en detalles y lo que más me incomoda es lo que tiene que ver conmigo y lo que fue nuestra relación en Venezuela. Lo que hallé aquí no es de mi gusto ni de mi comodidad. Ella deseaba que la conociera… Lo que entendí o soporté (estando aquí) no es de mi gusto.

-¡Vaya! ¿Qué piensa hacer, Carlucho?

-¡Irme! Anoche me tragué mis ideas, mi furia, en relación a Yasmira, la hermana mayor de Mónica. ¡Me hizo sentir miserable!

-¡Cuéntame! –insistente, aunque Antonio distraía su mirada armando unas maletas.

-No soy de contarte estos detalles, pero haré una excepción.

-¡Hurra por Carlos!

-Llevo meses con ese incómodo tarugo. Ambos sabemos cuán mal nos caemos y hemos sobrellevado nuestra hipocresía para hacer el tiempo llevadero (nadie sabía cómo iba a evolucionar en esa familia y secretamente imaginaban que yo había “secuestrado” a Mónica de sus vidas). Anoche, mientras me preparaba una taza de monte -¡me dolía la cabeza!- me hizo otra de sus observaciones: “No cojas más esa taza. Esa es la de mi madre”. De momento me sentí despreciado, como si yo estuviera pestilente, enfermo de un virus contagioso… ¡No te doy detalles! Lo cierto, lo que más me da arrechera, es que ellos ponen a sus perros a lamer ¡SUS PLATOS! La hija de ella, con 11 años, vive plena de piojos y liendres… Y me viene con esa ridícula escrupulosidad… Es que llevo meses viendo el urinario de su baño y está marcado por la MIERDA que no limpia… Y ese repetido comentario me hizo recordar que todo lo que está acá, en su casa, es de ellos; que de vaina tengo mi cepillo dental personal y, que hasta no hace mucho, tuve que reponerme de ver sus garrapatas reptando por las paredes o el piso de su sala.

-¿Y Mónica es así? –interrogó Antonio, dirigiendo toda su atención sobre el rostro ofuscado de Carlos.

-¡No chico! Ella es normal… Tiene algunas costumbres que no dejé que tuviera en mi casa, pero ahora estoy bajo sus términos. Algo que no me agrada de ella -y lo entiendo- es cuando se pone a ver esas películas de violencia y sangre, de NSCI o vainas por el estilo… ¡Me incomodan sus altares! Sus creencias y opiniones tan arrogantemente radicales.

-¡Ja! ¡Ja! Y creí que te habías sanado del todo... Veo que no están enamorados.

-¡Oye! ¡Eso me duele! Estoy cuerdo –replicó acuciante, a la defensiva- Mi normalidad no es mejor ni peor que la de ellos, pero tengo fobia a muchas de sus cosas. ¿Me viste compartir la comida –boca a boca- con un perro? ¡Yo no soy así! ¿Pendían garrapatas de mi cuerpo? Mi mugre las rechazaba y mi actitud, pero esta gente -¡quizá todas!- tienen cosa que no puedo manejar.

-¡Así es! -haciendo una pausa y tocándose más debajo de su cintura, hacia la espalda- ¿Cuánto necesitas para irte, Carlos?

-Supongo que una semana –refirió, aparentándose distraído.

-¡Me refiero a dinero! –expectante- Si me permites te hago un préstamo, Carlos.

-¡Oh! Prefiero tus oraciones. Espero vender una de mis computadoras para tener más de lo que tengo. Tengo el pasaje hasta la frontera, pero desconozco cómo irán las cosas tierra adentro.

-¡Entiendo! –resignado- Sea Dios tu Jehová Jireh. Ve a mi cuarto. Eso es lo poco que llevo de vuelta.

-¡Hmm! Te va bien muchacho. ¿En qué trabajas ahora?

-¡En nada! Me gustaría hacer algo especial, inspirador y remunerado - A poco, Antonio puso una carta en manos de Carlos.

“Richard Kent      July 15, 2010

Dear Antonio,

 

I am sorry I have not written to you earlier...

 

You are most welcome to translate and use the material in either book for free distribution in Venezuela and Columbia, and anywhere else. .

 

This is why the books are made available on the free web site below. Please check out www.freechristianteaching.org

 

There is a copyright problem if you wanted to SELL the books, and I have a special contract for that, giving you the copyright of the book, on the condition that you assume responsibility for the Publication.

 

However, for free distribution, the books are already available for download in English, and you are perfectly free to use any material that you like, in any way that you like.

 

GOD BLESS YOU FOR ALL YOUR HARD WORK TRANSLATING THE BOOKS INTO SPANISH!

 

On www.freechristianteaching.org there are 2 good movies made from the 2 books by a Hollywood film director called Johan Sturm.

 

We have produced our own legal evangelistic movie, "when you die would you like to go to heaven" using legal cuts from both movies.

 

We can send you this free DVD, and many others for your evangelism. See www.freechristianteaching.org

 

God bless you for all that you are doing,

 

Richard”.

 

-¡Felicidades! ¿Cuándo comienzas a traducirlos?

-Tengo algo adelantado, pero no he avanzado mucho en este sitio.

 

La puerta de la entrada de la habitación se abrió. Una chica muy simpática entró en el cuarto y Carlos, de verla, quedó enmudecido.

 

-¡Carlos! Te presento a Koto –hizo un ademán para levantarlo- y sólo conoce un par de palabras nuestras.

-¿En qué idioma la saludo? –interrogó, en voz baja.

-¡Mírala a los ojos y atina!

 

Valiéndose de su experiencia aguda, lanzó unas palabras que no preciso a entender.

 

 

-?????!??????????? ????????????????????…

??????????????! ?????!   (*)

 

 

Carlos hizo una breve reverencia ante la dama. Miró a su amigo y se despidió con una sonrisa.

 

-¿Tienes que irte tan pronto, Carlos?

-¡Sí! Permita Dios que las cosas sean así… ¡Te felicito! Nuestro tiempo no transcurre en vano. ?????! (¡Sayonara!)

 

 

(*) Hi! Pleased to meet you. Excuse me for leaving so soon...

I have to work today! Good Bye!

Carlos había dejado la bicicleta a las puertas del hotel. Al bajar, halló a un joven quien le había puesto un cartón encima para protegerla de la exposición directa al calor del sol.

-¡Yo se la estuve cuidando!

-¡Gracias!

-¿No me va a dar unos pesos?

-¡Discúlpame! “Qué pena” pero yo no le pedí que hiciera eso por mí… Estoy trabajando de cartero para completar el dinero para volver a casa… No tengo planes de compartir lo poco que gano; excepto dando mi diezmo al que piense corresponda.

Al salir del área sombreada, trató de concentrarse en el fuerte oleaje del mar. El ruido y el aire retumbaban en sus orejas a medida que hizo su camino, antes de cambiar curso del pavimento de concreto a la arena de la playa. Bajo la sombra de un arbusto, se dejó tumbar un rato. Tras recuperarse del cansancio en un rápido pedaleo y meditó para sí mismo.

-¡Bendito Dios! Las mujeres son uno de tus más hermosos dones...

 

Reparto en la calle nueve.

Ya tenía algún rato de haberse vuelto de la playa al fácil, pero aburrido trabajo. En su bolso de repartidor quedaban unas pocas cartas y organizadamente, despachaba por lotes lo que le parecía más sistemático. Hizo un alto en una de las calles cercanas al stadium de beisbol.

-¡Buenas! ¡Disculpe! ¿Por acá vive el señor X?

Con desgano, el ciudadano le hizo saber que estaba en la casa correcta; además, el número externo de la nomenclatura de la casa coincidía con su búsqueda.

-Le tengo que dar esta carta. Por favor ¿Me pone su nombre –legible- en esta hoja? Ponga la hora y la fecha.

Del fondo de la casa salió una mujer. Hizo unas cuantas preguntas y Carlos, haciéndose el desentendido, no dio información adicional al trabajo que no le corresponde.

-¡Disculpa! Esa carta es para el Sr. X. Lo que allí diga no me concierne. Si algunos de Uds es pariente del Sr. X, sólo deben llenar este formulario para poderme ir.

-¡Es que tenemos que saber de qué trata eso!

-¡Insisto Señora! Lo que diga la carta no es asunto mío, ni suyo, sino del señor X.

-¡Yo soy! –respondió quién estaba en el pórtico de esa casa a su llegada- pero debo saber de qué trata.

-¡De acuerdo! Pero ¿llenar el acuse de recibo depende de que lea toda la carta y le agrade lo que le dicen? ¡Eso no debe ser así! Mi trabajo es entregarle este sobre y su deber es escribir su nombre, dando constancia de lo que a recibido.

Carlos se tuvo que esperar, tragando sus emociones, hasta que a este par les viviera en gana servirle con los datos que solicitaba. Fueron unos minutos para que aquellos entraran en razón; pero ya estaba harto de los razonamientos pendejos de algunos que, con suspicacia y reticencia le reciben algunos de sus sobres; pues, en muchos de los casos lo ven como un cobrador de ciertas deudas; en otros, como representante del gobierno y, la peor de las veces, como un sicario o sapo.

-¡Lléneme el formulario de recibido!... ¡Uds. han violado la correspondencia!... No voy a esperar más tiempo para ganarme unos simples 150 pesos esperándoles todo el día.

Con indiferencia, con el aplomo de un necio, rellenaron el formulario de la forma debida y Carlos no puso pie fuera de ese terreno sin dejar una regañina suave; pues, de haber estado en su propia tierra, habría actuado de acuerdo a cómo son las leyes de su país y no según la necedad escrupulosa de cierta gente.

-¡Gracias!  -Y se marchó sin verlos a la cara.

En ese momento se embargó recordando el incidente de la carrera 10. Una joven no mayor de 18 había recibido un sobre verde del Banco Agrario de Colombia y, al preguntar por ella –creyendo que era el nombre de una señora, la familia se alarmó y comenzó a preguntarle por el contenido del sobre. Carlos es sólo un mensajero, no personal del banco, de modo que, como pudo, les hizo entender la necesidad de que la “destinataria”, se presentara y acusara su nombre en el recibo, a fin de “consignarle” el sobre, para poder ganarse sus trabajosos 150 pesos por cada entrega.

-¡Dios! Como e todas partes… Acá hay gente insufrible. Recuerdo a ese “papá”. Avergonzó a esa niña, de forma tal, que desconozco qué clase de derechos tienen los niños al desarrollo de sus propias inclinaciones personales y vocacionales… Si quiere ahorrar, si quiere abrir una cuenta bancaria… ¿Tiene que llegar a 30 ó 40 años para producirse unos cuantos pesos? No creo muy difícil que una niña logre ahorrar 50 mil pesos para abrirse una cuenta estudiantil en el Banco de Colombia… Pero, sea lo que diga o piense, la actitud de ese hombre me hizo sentirme avergonzado como padre. ¿Quién carajo dijo que debo ser consultado para que mi hijo o hija abra su propia cuenta de ahorros? ¡Eso no es un delito! Ni debo avergonzar a MIS HIJOS frente a un extraño… De no haber sido por mi compromiso, porque debo responder a la gente que ha depositado su “confianza” en mí, nada me hubiera privado de darme la vuelta y llevarme el sobre de esa niña ¡150 pesos no vale la vergüenza de nadie! Y, en este caso, me sentí culpable de la incomodidad de esa chica ¡Es una buena “pelá”!

En ese momento parecía sonar un teléfono. Carlos -desconcertado- no tuvo más opción que registrar en su bolso de cartero. En lo personal, no se había comprado uno. Un gasto de 70 mil pesos le era innecesario, superfluo, pero nada de lo pensó pudo evitar la insistencia del ruido de ese repique.

-¡Haló! ¡Diga! –pronunció, haciéndose a un lado de la solitaria calle, buscando el cobijo de una sombra.

-¡Sorpresa, viejito!

Carlos se imaginó cualquier cosa. De momento pensó de forma suspicaz ¿Quién habría metido un teléfono en su bolso y en qué momento? ¿Para qué y en dónde?... Se asustó, a ciencia cierta, pero no iba a demostrarlo.

-¡Hola, Don Juan Tenorio! ¿Cómo te va con Koto?

-¡Está por verse! Un amorío –a distancia- es una inversión emocional poco segura.

-¡Hmm! Cambiemos del tema. ¡Estoy arrecho!

-¡Otro ataque de fósforo, Carlos? –ten cuidado con eso, viejito.

-¡Bah!... Es por la escrupulosidad pendeja de algunos incultos.

-¡Ja, Ja! Me alegra que sea por eso –alegando con sus chistes- pues, si gritas “eso” muy duro tendrás problemas en la calle. En la costa “arrecharse” es palabra tabú.

-¡Je! ¡Je! Ya lo sé –atemperándose un tanto- Muchas palabras están torcidas y con doble significado en este país… Pero dime ¿Cómo llegó este teléfono a mi bolso?

-¡Ja, ja! Te jodí… Al momento que fuiste al baño -como no ibas con tus pertrechos- decidí regalarte ese aparatico. A mi paso por Panamá me compré otro, así que no veo objeción para que intentes devolvérmelo. ¡Sé como tú eres!

-¡Bah! Daré un giro e iré al hotel para regresártelo. ¿Fuiste a…

Sin dejarle completar otra frase, Antonio se hizo entender.

-¡Ya lo dije! Te jodí... Estoy en el aeropuerto, viejito, y no tengo razones para que te niegues a recibirme este simple “detalle”. No es una panela Blackberry, así que un Nokia sencillo –como ese- te puede servir para que nos comuniquemos en cualquier momento. ¡Por favor! ¡Acéptalo!

-¡Okey! Será tu regalo de cumpleaños.

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