Nos quieren obligar a vivir en un estado de permanente hartura, de continuo asco, cabreo y hastío. La mentira, la falacia, el burdo embuste y el engaño más rastrero están instalados en los quehaceres diarios de nuestros políticos.

Ya Parménides de Elea decía que la política era el arte del engaño y la mentira. Nuestros gobernantes se toman al pie de la letra esta consideración, por que verdades no dicen ni una. Lo que ocurre es que  les coges el renuncio enseguida, ya que ni para patrañas tienen gracia. Al verse sorprendidos, niegan la mayor y el invento lo camuflan de verdad justificada, adornándola para los necios. Intentan convencerte de su servidumbre hacia ti, cuando los que se sirven son ellos. Te adormecen con fábulas fantásticas y visten de libertad lo que no es más que orden controlado por sus apetitos.

No confío en aquellos que se hacen llamar políticos. No confío, y sin embargo debo fiar mi suerte y el destino de los míos a profesionales del dinero fácil, que perdieron sus convicciones sin caer en la cuenta que nunca las podrían recuperar.

Von Bismark definió la política no como ciencia, sino como arte. Marx completó su significado al especificar que es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. Conviene decir que hablo de Groucho, no de Carlos. Me gusta más. Al menos, me hace reír.

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