Generalmente el verbo meditar se usa como sinónimo de pensar, y de pensar no a la ligera, sino muy profundamente. Las grandes dificultades que nos presenta el diario vivir nos incitan siempre a pensar sobre nuestros problemas, buscando soluciones que a veces no son fáciles de hallar. ¿Pero cómo se puede alcanzar esa profundidad de pensamiento? ¿Cómo se hace para lograr ese nivel de concentración? Podría decirse que nuestra mente funciona sin cesar y de manera casi automática. Todo el día estamos pensando las mismas cosas, no logramos detener el torbellino de ideas que sin cesar nos dan vueltas en la cabeza, y no encontramos respuestas satisfactorias. Este torbellino de pensamientos descontrolados nos lleva lentamente a una situación de stress que pone en peligro nuestro equilibrio psíquico, arrebatándonos la paz y la tranquilidad.

La única manera de superar esta condición de alienación mental consiste en aplicar un corte, una detención momentánea, pero eficaz, sobre nuestra desordenada actividad cerebral. El arte de la meditación nos permite hacer ese corte de manera sencilla y muy efectiva. La técnica es bastante simple, pero requiere de cierta práctica. Se sienta uno en un lugar tranquilo, empieza a respirar lenta y profundamente hasta que todo el cuerpo esté completamente relajado, y luego se hace un esfuerzo por eliminar todos los pensamientos que cruzan por nuestra mente. El “truco” es concentrar la mente únicamente en la respiración, porque nuestro cerebro sólo puede poner atención a una cosa a la vez. Si enfocamos la atención en nuestro flujo respiratorio, los pensamientos se quedan sin atención de nuestra parte, y poco a poco van a ir desapareciendo, y aún más, una agradable sensación de bienestar y de poder se empieza a experimentar interiormente. Esa energía que se obtiene de la meditación es acumulable, por lo que al cabo de un tiempo, un cambio profundo se hace presente en las personas que meditan regularmente. El stress desaparece, la mente se aclara, las ideas se organizan, y uno es capaz de afrontar las dificultades de la vida con cierto desapego, sin ansiedad. Con el tiempo esto es lo que entrega el maravilloso arte de la meditación. Y además se logra ver la vida con más optimismo, dando cada vez un paso más hacia la verdadera felicidad.

 

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