Alrededor de los años sesenta del siglo 20, en la esquina de Bolognesi con salaverry, existía un negocio de venta de chocolates, cuyos dueños eran dos hermanos. Uno de ellos , la parte dirigente del negocio, era un gordito que a las justas se paraba de cuando en cuando, en la entrada , y más trabajaba detrás de un gran mostrador, recibiendo pedidos de la clientela. Su hermano, El Aguila, era el repartidos de la mercadería, chocolates de una conocida marca de ese entonces. Delgado y dinámico, atendía los pedidos en una muy buena bicicleta,por distintos lugares de Huacho. Fumador empedernido, mientras manejaba expelía humos por la boca, la nariz, los ojos y los oídos, la neblina así formada no era obstáculo para su ruta. Para El Aguila, la combinación de trabajo, alcohol, y cigarrillo era muy buena ya que en estado no muy sobrio que digamos, igual llegaba a su destino con chocolates, bici y piloto intactos. Sus conocidos lo llamaban El Aguila, sobre todo los amigos de Baco, y los devotos de San Pao. Volaba o hacía ademán de ello con los brazos mientras manejaba su movilidad al mismo tiempo que fumaba lanzando fumarolas y humo por doquier. Nunca se le vio en el suelo, y siempre trabajando, tomando , fumando volando. Hoy el local permanece cerrado, el negocio ya no está y los hermanos en el recuerdo están. No importa payaso, fumador y bebedor si trabajas y cumples tu misión de todos recibirás su bendición.

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