TODAS las generaciones quizás digan que la suya es la que ha visto mayor afán por el dinero, el bien más deseado sobre la faz de la Tierra. Todas ellas pueden remitirse a las guerras que han tenido que librar para conseguir prosperidad y riquezas, guerras cuya duración solía depender del tiempo que durase el dinero.

En todo el mundo se mata por dinero a millones de personas. Se secuestra a hijos de padres ricos para cobrar un rescate, que es el dinero que estos han de pagar si quieren recuperar a sus hijos sanos y salvos. Hay estafadores que embaucan a sus confiadas víctimas y les roban los ahorros de toda una vida. Se desvalijan casas enteras para conseguir dinero. A algunos hombres atrevidos se les ha calificado de “enemigo público número uno” por robar un solo banco. Pero ninguna generación tiene la exclusiva de semejantes actos vergonzosos. Por ejemplo, ninguna generación ha sido testigo de mayor codicia de dinero que la que vio a un despreciable delincuente traicionar por treinta monedas a su mejor amigo, el hombre más grande de todos los tiempos.

Sin embargo, en estos últimos años, se ha degradado más que nunca el afán por tener este medio de cambio tan difícil de conseguir, al que un escritor estadounidense describió como “el todopoderoso dólar, ese gran objeto de devoción universal”, y un dicho español se refirió a él como: “Poderoso caballero es don Dinero”. Ninguna otra generación ha visto cometer con tanta osadía atracos a bancos: robos millonarios a cajeros a punta de pistola perpetrados no solo por hombres y mujeres, sino hasta por jóvenes. Esa clase de robos son tan corrientes hoy día que apenas se les da atención en las noticias. Muchas entidades bancarias han quebrado porque sus codiciosos propietarios manipularon ilegalmente cantidades millonarias del dinero de los depositantes para su propio lucro, agotando así el activo del banco y dejando a muchos de los depositantes prácticamente arruinados.

¿Qué puede decirse de los oficinistas de hoy que hacen desfalcos millonarios a sus patronos para saborear el estilo de vida de la gente rica y famosa? Se podría escribir mucho sobre la gente que se esconde en calles poco iluminadas para sustraer a los transeúntes el contenido de sus bolsos y carteras. ¿Y qué decir de los atracos a mano armada a plena luz del día, en los que se mata y desvalija a la víctima ante los ojos de muchos transeúntes? En algunos barrios urbanos los residentes se lamentan: “No se trata de si me atracarán en mi propia calle, sino de cuántas veces lo harán”. Hay incluso quienes siempre llevan a mano cierta cantidad de dinero para casos de atraco, a fin de satisfacer al ladrón y evitar que los maten. Lamentablemente, el afán de dinero de esta última generación del siglo XX es el más despiadado que el mundo ha conocido jamás.

quiero ser millonario

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