Hay una realidad que no puede negarse: la unión de dos seres humanos (un hombre y una mujer) da como resultado otro ser humano. Supongamos ahora que nos embarcamos en un extraño experimento, experimento del que forma parte toda la humanidad. Si de cada dos personas surge un hijo y la humanidad sólo tuviera un hijo (y sólo uno) por pareja, en la primera generación la población mundial se reduciría a la mitad, en la próxima generación se reduciría a un cuarto, luego a un octavo; siguiendo así el razonamiento el género humano se reduciría gradualmente a la mitad de la mitad de la mitad; bajando así a un dieciseisavo, a un treintaidosavo, etc, etc. La población seguiría reduciéndose sucesivamente hasta que solamente quedara una pareja de humanos; a su vez si estos procrean un solo hijo, ese único superviviente humano sería una especie de Adán. Toda la humanidad ha confluido en él, pero no sería el Adán del origen del que habla la Biblia, sino que sería un Adán derivado, un Adán inverso (pero un Adán al fin).

Este ser humano tendría todos los rasgos esenciales de la especie, sus rasgos particulares configurarían los rasgos generales de la especie humana. Aun suponiendo que la elección de las parejas fuera otra, se llegaría al mismo resultado, puesto que el orden de los factores no altera el producto. Y en este caso las características particulares de cada ser no le son propias, sino que son caracteristicas que la especie necesita para conformar su esencia; por eso digo que el orden en que los padres se unan es indiferente al derivado final, porque en última instancia todos los rasgos particulares de cada progenitor llegarán fundidos en los rasgos particulares del Adán derivado, del hijo último. Un ejemplo: si yo y mi pareja tenemos un hijo, este poseerá mis rasgos esenciales y los rasgos esenciales de ella. Pero supongamos que yo procreo un hijo con otra pareja y mi pareja actual a su vez hace lo mismo, mi hijo tendrá mis rasgos y los de mi hipotética pareja y el hijo de mi verdadera pareja tendría sus rasgos y los de su hipotética pareja. Y aunque estos seres tomaran distintos caminos nuestros rasgos seguirían estando presentes en los subsiguientes derivados, hasta que llegado el momento de la última unión nuestros rasgos por fin se unirían. Mis características esenciales pueden unirse a las de mi pareja en cualquier momento, directa o indirectamente.

A este ser lo llamo "Adán inverso" porque no prefigura al ser humano como el ser bíblico, sino que lo subsume, la raza entera confluye en él. Pero si lo pensamos bien, y teniendo en cuenta que dijimos que sea cual fuere la elección de las parejas el último eslabón sería el mismo siempre, entonces este ser derivado sería igual al ser bíblico original. Esto debería ser así porque si la amalgama de la totalidad de los seres humanos da un único ser, siempre el mismo; y a su vez de un único ser, el Adán originario, se generó la totalidad de lo que somos; entonces ambos seres tienen que ser obligatoriamente iguales... y lo son. Pero hay una pequeña gran diferencia, de uno surge todo y el otro surge del conjunto total; sin embargo uno y otro son lo mismo, el mismo. Del que surgen todos y al que todos van es Adán.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: