De J.R.R. Tolkien el creador de la saga del Señor de los anillos nos regala un relato no muy extenso, de corte fantastico. El protagonista es EGIDIO, un granjero pelirrojo y gruñon.

Hay pocos relatos que hayan sobrevivido de la historia del Pequeño Reino, entre ellos la leyenda de Egidio, que ilustra mejor que ninguna otra los primeros tiempos de aquel país, y la decadencia definitiva del poder del Reino Medio sobre aquellas tierras.

Habría que situar los sucesos aquí relatados entre un momento de un largo periodo, después de los tiempos del rey Coel pero antes del rey Arturo. Su escenario es el valle del Tamesis.

Egidio el granjero de Ham era un hombre con una hermosa barba roja, mal genio y muy cabezota, vivía en Ham en la isla de Bretaña, entonces Ham no era mas que un pueblo. Pero en aquellos días los pueblos eran orgullosos e independientes. Egidio debió a la fortuna, a un trabuco mal cargado y a la fanfarrona lengua de su perro Garm el comprometido honor de convertirse en el guardián del pequeño pueblecito de Ham y, a la vez de todo el antiguo reino.

La verdad es que Egidio espanto a un gigante de las Colinas Salvajes de un solo tiro. Pero la verdad es que le disparo por casualidad y que ante todos prefirió omitir ese detalle, y una vez sus paisanos se enteraron de la contienda decidieron sin pensar en la mesura, difundir la hazaña.

Después de todo, Egidio, como gran parte de los habitantes de los poblados de los tiempos perdidos, era muy altivo y muy orgulloso. Y si su reputación se engrandecía con las felicitaciones del rey, no veía mal alguno en disfrutar de ellas.

Fue entonces cuando, a unas cuantas leguas de Ham, hizo su aparición un dragón rico, con mucha hambre y además despiadado. El nombre del dragón era Crosófilax y este nombre junto con el del granjero Egidio, se unirán a la leyenda y, también a la fantástica historia del pequeño reino.

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