Como el científico de la conocida historia de la araña sorda, el gobierno español ha decidido llevar a cabo, en estos tiempos de crisis un experimento consistente en la observación del comportamiento de la "araña educativa" a medida que se le van amputando miembros, en este caso utilizando un afilado bisturí llamado recortes, aunque desde las alturas, prefieren referirse a él como "reformas estructurales necesarias". Día tras día se le arranca una pata al sujeto del experimento en cuestión, pero como la araña del cuento, aunque de manera tambaleante, la educación pública española sigue en pie. De momento; porque si el desmembramiento continúa al mismo ritmo, es muy probable que, al quedarse la araña sin patas, los "científicos" que nos gobiernan lleguen a la conclusión, errónea, de que el animalito se ha quedado sordo, cuando en realidad han sido ellos los que le han inoculado una enfermedad aún más grave al sistema educativo.

Lo que no sabe, o no quiere saber,  el científico es que cada vez que se le arranca una pata al animal lo que en realidad se está rasgando es la tela de araña sobre la que se asienta el artrópodo: la sociedad en general. Cuando se suprimen autobuses escolares, muchos padres se ven obligados a usar sus propios vehículos para llevar a sus hijos al colegio, lo cual puede conllevar retrasos a la hora de llegar a sus puestos de trabajo (si es que tienen). Cuando se suprimen becas de comedor, se obliga a que muchos abuelos tengan que ir a recoger a sus nietos a mediodía para que puedan comer en condiciones gracias a que estiran sus exiguas pensiones como si fueran de chicle. Desgraciadamente, todos sabemos que la goma de mascar no se puede estirar hasta el infinito. Si se pretende que los libros puedan pasar de hermanos a hermanos, se tendrá que garantizar de algún modo que los textos sean los mismos durante muchos años, pero siempre hay un editor avispado, amiguete del científico, que con cambiar la portada, cuatro fotos del interior y dos textitos sin importancia, te obliga a comprar la nueva edición de Conocimiento del Medio 2.

Por lo que respecta a la calidad de la atención personalizada al alumnado, vemos que desciende si las clases están abarrotadas. Si se recortan plazas de profesorado, nos encontraremos con que los afortunados que mantengan su plaza se verán obligados a impartir asignaturas que no se corresponden con su especialidad. El aumento de los requisitos académicos para la concesión de becas lleva implícito que la continuación de los estudios supondrá para algunos un gran esfuerzo personal, mientras que para otros seguir estudiando será simplemente cuestión de hacer un click en el ordenador de papá autorizando una transferencia bancaria a la universidad de turno. No se trataría en este caso de recompensar el esfuerzo, como nos quieren hacer creer, sino más bien de penalizar la falta de recursos económicos y, como consecuencia, hacer más difícil el acceso a la educación.

Es, por tanto, fundamental impedir entre todos los que formamos la comunidad educativa (alumnado, padres/madres, profesorado, servicios de administración, etc) que, aunque las medidas adoptadas por el gobierno central puedan dejar a la araña "sorda", la educación pública se quede muda. Solamente así podrá alzar su voz contra todas las vejaciones que viene sufriendo de un tiempo a esta parte.

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