Durante varios minutos Natalia y Jonder miraron de un lado al otro; revisando el lugar hasta donde los había llevado Leivis. Sin dudas era un cementerio…, solo que los nichos se observaban como viviendas.

— ¿Cómo llegamos aquí? —preguntaba Natalia con palabras, con la mirada y apretándole la mano de Jonder que prácticamente le había arrebatado a Leivis.

El joven comprendió el asombro multiplicado de su amiga, él por lo menos estaba consciente que a través de la puerta de la cafetería habían cruzado un portal; pero Natalia no sabía qué era eso.

—Mira… —hizo una pausa tratando de encontrar la mejor manera de explicarle. Y este momento lo aprovechó Leivis:

—Estamos en nuestro verdadero hogar —y les mostró la inmensa necrópolis—. Sí —continuó haciendo una seña a Jonder para que la dejara hablar—, aquí están todos los difuntos de la historia. Aquí se ha recibido a cada persona que abandonó la vida desde que esta surgió, por eso es un cementerio infinito.

—Pero… —intentó nuevamente hablar Jonder.

—Ahora deben descansar —volvió a interrumpirlo Leivis—, sobre todo ella: una difunta de quince años que todavía no ha «vivido».

Leivis los dejó solos y acomodados, tal vez un par de horas. Y al regresar a buscarlos hizo todo el esfuerzo por dejar a Natalia «reposando»; pero la muchacha se aferró al brazo de Jonder: ella también quería conocer el lugar dónde estaban.

Caminaron unos minutos sin hablar, hasta que Leivis rompió el silencio dirigiéndose a Jonder:

—Te repito que los únicos difuntos que no han aceptado este como verdadero hogar son ustedes, los mortinatos. Por eso te miran todos con recelo.

Diciendo esto una guadaña se atravesó frente a ellos. Leivis comenzó a dar lento pasos hacia atrás y arrastró a los dos jóvenes. Caminaron así casi doce metros hasta encontrar un lugar donde sentarse.

—Como les dije —se adelantó Leivis a la pregunta que le harían—, aquí están todos los muertos y se han agrupado confusamente, sin orden.

—Por qué lo dices —reaccionaron al mismo tiempo Jonder y Natalia.

—Unos se agruparon por la causa de muerte; otros por el momento en que perdieron la vida. También está el grupo de los suicidados; en fin, un desorden tremendo.

— ¿Y ese que se nos puso la guadaña delante? —preguntó Jonder.

—Cada uno de esos «grupos» tiene su área y algo así como un guardián…

— ¿Un guardián?

—Sí; La Parca se auto-clonó por decisión propia para asumir las custodias y evitar discusiones en sus dominios.

Natalia lo escuchaba todo sin entender; solo deseaba estar a solas con Jonder. El único en quien ella confiaba.

— ¿A qué grupo te unirás? —Leivis no tenía la intención de que esto ocurriera y le hizo la pregunta la joven haciendo como si Natalia no estuviera allí.

Difuntos

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