Jonder y Natalia, cada uno en su mundo, pensaba en el otro. Dos mundos diferentes, pero muy parecidos; dos mundos muertos, pero con vida.

  Como todas las mañanas Natalia llegó a su banco, llevando consigo la esperanza de volver a ver a aquel muchacho que notó su existencia y habló con ella. Miraba sin parar a un lado y al otro; ¡tenía que encontrarlo! Ya estaba convencida de su muerte, pero se sentía con vida y más aún después de haber visto a aquel del ni siquiera sabía el nombre.

  Jonder estaba seguro que la palabra que no pudo escuchar era el nombre de la muchacha y el grito no se le borraba de la mente. ¿Comentarle o no a Félix? Un dilema constante en su cabeza; estaba seguro que él no aprobaría su idea y entonces decidió volver a saltar al mundo de…, ella.

  Desde el día del accidente, cuando salió a la calle para ver aquel mundo del que su madre la ocultó, no había regresado. Ahora vivía allí una hermana de su papá que por supuesto no la tendría en cuenta, o mejor, no se percataría de su presencia; como pasaba con todos esos que cruzaban frente a ella sin verla. Incluso ocupaban un espacio en el banco donde ella esperaba a…

  En ese momento una pareja irradiaba pasión a su lado, se besaban con un maravilloso amor, sin notarla.

 Cinco portales mantenían un ciclo periódico de salto. Dos de ellos brindaban acceso a mundos desconocidos para Jonder y por lo tanto se dedicó a detallar el ciclo de los otros; por estos eran acogidos los mortinatos.

  Con paciencia esperó la partida de Félix a una de las acostumbradas recogidas difíciles que le asignaban para saltar en busca la joven; Jonder tenía el presentimiento que lo esperaba.

 

Y efectivamente así era, Natalia ya no buscaba entre las personas, ella intentaba encontrar el aura del muchacho. Si él la vio y le habló es porque también estaba muerto.

  Percibió a su espalda una punzada de energía que la hizo girar y las miradas de ambos jóvenes se cruzaron.

 

  Ninguno habló. Se acercaron muy despacio hasta palparse, sin tocar sus anatomías. Ambos tenían miedo, conscientes de que tenían un muerto delante. El temor fue disipándose, él tomó sus manos y las sintió frías; a pesar del tremendo calor interior de ambos.

  Los dos mundos se conectaron y desaparecieron las personas alrededor de ambos.

  Ninguno sabía qué sentían en esos momentos…, pero por supuesto lo disfrutaban y a punto de besarse los interrumpió alguien:

— ¡No puedo creerlo! ¡No puedo creerlo!

  Una mujer, bella; los abarcó con sus brazos.

—Yo pensaba que estaba sola aquí, ¿cómo llegaron? ¿Existe una manera de regresar a nuestro mundo?

  Ante el asombro de ambos muchachos, otra pregunta:

— ¿Ustedes están muertos no?

Dos mundos

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