Sin conocer cuánto se discutía sobre su persona en el Comité Mortinato, Natalia continuaba entregando energías a Jonder, era la única forma encontrada para mantenerlo con «vida». No era un método ortodoxo, pero estaba claro que por cada beso el joven mejoraba.

Natalia tampoco dejaba de pensar en el fatídico lugar donde había «visto» a su madre y quería volver allí.

—Se te encomendó cuidar a Jonder; todavía es una incógnita el tiempo que debes atenderlo. Porque…

—No se preocupe Félix —lo interrumpió Natalia, que ya estaba comenzando a entender por qué se molestaba cuando Leivis lo tomaba de la mano, o intentaba separarse unos metros dejándola apartada a ella—; yo no estoy «atendiéndolo», no es un sacrificio darle un beso o una caricia a Jonder; ni tampoco recibirla de él.

Félix se sorprendió con las palabras de Natalia; le quedaba claro que un sentimiento más fuerte comenzaba a nacer entre ambos; ¿sería esto bueno o malo?

Para los dos jóvenes era maravilloso.

Cada noche, después que el médico revisaba los signos de Jonder y los dejaba solos, se entregaban amor. La primera vez que mezclaron sus lenguas sintieron algo de aspereza, por supuesto que las hormonas sexuales de uno y de la otra no los “empapaban” a la manera humana. Así pasó con cada uno de los “descubrimientos”.

No podían ser muy conocedores del maravilloso sentimiento; pero se dejaban llevar…, se besaban, se entregaban y se disfrutaban mutuamente.

Y aunque pareciera improbable a la mayoría en el Comité; ellos se sentían felices.

Pero una mañana Natalia, al despertarse, se da cuenta que Jonder había abandonado el mundo mortinato. ¡Todas las energías transmitidas por ella se esfumaron! A su lado tenía un cuerpo que nunca tuvo vida y que acababa de perder las energías que lo mantenían siendo parte de ese mundo.

Varios científicos buscaban el por qué; más de seis siglos habían transcurrido desde la última pérdida, y esta había sido por solicitud propia del mortinato.

La explicación estaba en el interior de Natalia. Nunca había ocurrido: ¡un ser concebido por dos difuntos! ¿Nacería con vida?

Se le encargó a Félix la custodia de Natalia y el «bebé»; después de los estudios y análisis a la futura mamá se determinó en sesenta días el tiempo de gestación.

—Necesito ir ver a mi madre —le pidió Natalia a Félix.

—Puede ser peligroso cruzar aquel portal.

—Pero necesito verla…

—Peligroso para tu hijo —la interrumpió él.

—Yo…

Natalia debatía en su mente: la madre o el hijo.

Dos mundos

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