Comprender por qué ocurren las cosas es una de las grandes pasiones humanas.

Queremos saber los por qué tanto del mundo natural como del mundo social.

Cuando intentamos explicar los acontecimientos del universo político podemos elegir diferentes marcos interpretativos.

El modo más propio y naturalizado de analizar lo político es hacerlo dentro del marco de las ciencias políticas.

Pero en la medida en que los hechos políticos resultan de las conductas y pasiones humanas (en virtud de que la política es un invento de los hombres realizado por hombres reales) podríamos también incurrir en la tentación de apelar a la psicología como un medio legítimo alternativo para comprender los hechos políticos.

Sin embargo, el científico y el analista político nos previenen contra el peligro de caer en los vicios del psicologismo, si es nos dejamos arrastrar por aquella tentación. Si lo que se quiere decir es que, por ejemplo, intentar comprender el fenómeno político-ideológico del Che Guevara a partir de la visión de mundo estrecho de una persona asmática, probablemente estaríamos desnaturalizando tanto la dimensión realmente política de su controversial figura como el contexto en el que le tocó actuar. En tal sentido, resulta fácil acordar con las reservas de la ciencia política en contra de la injerencia de la psicología.

No obstante, también es cierto que muchos fenómenos políticos trascendentes nunca se terminan de comprender sin invocar la psicología de los actores políticos involucrados.

Así, y por citar sólo dos ejemplos paradigmáticos, no se termina de entender la Alemania nazi ni el holocausto sin reconocer la personalidad paranoica de un Hitler, del mismo modo en que no se comprende la resistencia pacífica de la India, fuera del marco del espíritu de un Gandhi.

En síntesis, a veces en la comprensión de los fenómenos políticos cuenta considerar la psicología que mueve a los actores involucrados.

En tal sentido, emprender la tarea de análisis psicológico puede complementar y, a veces, hasta cuestionar una explicación en términos puramente políticos.

Extraído de González, Federico: “El extraño caso del pingüino y la pingüina. O de cómo un deseo personal podría resultar la causa oculta de una decisión política de alto riesgo.”

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