"A dónde iremos, si solo tú tienes palabras de vida eterna" esto dijo Pedro ante la posibilidad de dejar a Jesús.

Hay días en que parece que toda la vida ha sido una constante equivocación, que en algún momento perdió un rumbo, en el que habría podido ser menos vacía. Llegan épocas en que ese vacío resignifica toda la historia, descubriéndose que no había opción más que el de las decisiones que en cada momento se han tomado. 

Es extraño cuando alguien dice qué haría si volviera a nacer, como lo hizo el poeta. Es extraño cuando alguien dice que si devolviera el tiempo no haría esto o aquello, ya que en cada instante vital, se ha hecho solo lo permitido por la humanidad que cargamos. 

Hay gente que logra no enrredarse en caminos turbios, y hay otros, que no salimos de ellos. Estado que no es algo de la voluntad, parece más algo de las pasiones que gobiernan eso que somos. 

Hay otros que con abnegación y paciencia asumen sus imposibilidades, y hay para quienes cada imposibilidad se nos vuelve un gigante con el que se insiste, en tercamente pelear, para hacerlo posible. En esa batalla perdida desde el inicio, hay pequeñas victorias que siguen alimentando un circulo vicioso de seguir peleando, por lo que se quiere y no se puede. Quisiera haber aprendido esto desde muy niña, para que el vacío de hoy, de batallas épicas toda la vida, no pesara tanto.

HAY días que siento que soy un simple cascarón, vacío. Sin mucha inteligencia, la que sirve para la vida; sin mucho talento, el que sirve para ser feliz; sin mucha resignación, la que sirve para adaptarse y seguir; sin mucha generosidad, la que sirve para dar sin esperar, lo que a su vez sirve para no hundirse en la descepción; sin mucha perseverancia, la que sirve para construir suelos firmes; sin muchas fuerzas para trabajar, lo que sirve para ocuparse, que a su vez sirve para cierta distracción de la vida.

Le he apostado a la jugada equivocada en muchos momentos de la vida, por no decir que en prácticamente todos. El agotamiento, como el del que emprende campañas libertadoras titánicas, no se hace esperar; siendo muy tarde para iniciar todo, solo me queda escribir; no ya porque a alguien le pueda gustar lo que escribo,o porque lo haga bien o mal, sino porque no podría vivir sin hacerlo. A través del escribir me conecto con la vida, cuando alguien lee lo que escribo tomo sentido, uno prestado  por el lector; espero que alguna vez a alguien, lo que escribo le sirva, lo recuerde, le ayude; ya que no tengo nada más qué dar.

Cuando me detengo en este vacío, descubro que no hay ningún lugar o persona, al que podría ir; y entonces, recuerdo a Pedro, ¿a dónde más podría ir, sino a JESUS? 

Lo conocí de una manera misteriosa, un día que alguien a quien amaba estaba desaparecido, sentía yo mucha angustia, como me suele suceder con todas las desapariciones posibles. Recordé que había oído hablar de Dios, y le propuse en un acto de desesperanza total, que si El existía me mostrara dónde estaba esta persona, que tuviera alguna noticia de él.

Me fuí a bañar y prendí el televisor, al volver, justamente en ese momento, estaban pasando en las noticias mañaneras, por el canal RCN, un reportage en el que el amado aparecía: lo habían detenido por alguna redada y aparecía en televisión.

Desde ese momento algo pasó dentro de mí, Dios había querido una mirada de misericordia hacia alguien como yo, no había explicación para lo que había pasado, solo que DIOS quiso responderme, y le oí.

Hubo un tiempo en el que asistía a la iglesia evangélica, allí había personas que danzaban, con mantos y cintas. Una tarde estaba en una reunión, muy triste, me postré arrodillada, con el rostro casi en el suelo, con un gran quebrantamiento de sentirme otra vez, sin salida; le dije finalmente: Señor necesito tu abrazo; de repente, cosa que nunca antes me había pasado, uno de los danzarines,  puso un manto sobre mí y me abrazó, cuando lo ví me dí cuenta quién era, era un danzarín cuyo nombre era Jesús Ramírez, JESUS.

Así es este soberano en el que creo, hace cosas extrambóticamente particulares y específicas, solo para llamar nuestra atención al hecho inconciente de que El está ahí, que su presencia es DIOS; no es lo esencial de El hacerlas, las hace solo en esos momentos en que necesitamos dejar nacer la fe que nos salva.

Dios ha hecho muchas cosas maravillosamente soprendentes; pero ese es solo el Dios del inicio, es solo el Dios de los momentos necesarios, porque de lo que El se trata es de otra cosa; el no es Dios solo para hacernos milagros, el es Dios para una cercanía profunda, íntima, cotidiana, permanente; donde ya no importa lo que somos, deja de importar lo que necesitamos, surge la sed de estar en El.

DIOS ha sido mi sustento, mi verdad cuando todo falla; es el único con quien deja de importarme que mi vida sea una equivocación constante, porque El me da otra vida, en cada caída, en cada vacío, en cada derrota, me da la suya para vivir. El está en mí, dulce y fielmente, recordándole a mi ser, que no importa todo lo que no soy y que hubiese querido ser, que no importa no tener a todos los que hubiese querido tener, que ese cascarón es temporal y contingente. Hoy solo espero, dejarlo ser a El más en mí, para que el vacío de lo inmediato, de las emociones, deje de derrumbarme. Pues aún cuando me derrumbe de nuevo, no me destruye, porque eso, no soy.

¿A donde iría sin El? 

 

 

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