Según dice el dicho no hay peor desgracia que conseguir todo aquello que se desea, y todo eso es lo que ofrece El señor de todos los DESEOS, un regalo envenenado. Esta es la historia, situada en la corte francesa que nos relata  Judith Merkle Riley.

Las intrigas de palacio en la corte de Enrique II de Francia, están dirigidas por las mujeres. La voluntad del rey esta bajo los innumerables caprichos de su amante, la duquesa de Valentinois, mientras que la reina Catalina de Médicis, hace variados intentos por recuperar el respeto y el amor de sus marido.

Desespera la reina, al abandono al que la somete el rey, explora los caminos de la brujería para descubrir el modo de eliminar a la amante del monarca y poder así recuperar sus privilegios de reina y de esta forma oye hablar del señor de los deseos.

Cualquier medio justifica el fin, así que la reina, cegada por los celos, intenta elaborar un conjuro que la ayude en su cometido. Sin embargo, no hay hechizo tan poderoso capaz de romper el maleficio que, en forma de anillo, ha impuesto la amante del monarca.

Aconsejada por su mago personal, decide hacerse con el Señor de Todos los Deseos, una misteriosa caja, capaz de hacer realidad cualquier petición, por ambiciosa que sea.

Durante siglos, la cabeza del mago Menandro ha sobrevido concediendo todos los deseos a aquellos que abren el misterioso cofre, pero también condenándolos a una vida desgraciada y a un trágico final.

Por suerte del destino, el macabro engendro cae en manos de Sibile Artaud de la Roque, una codiciosa y perspicaz muchacha que tiene que sortear las trampas con las que el malévolo brujo le tienta para que formule algún deseo.

El destino reúne a la señorita de la Roque con el profeta y astrólogo Michel de Nostre-Dame, quien, ante la imposibilidad de acabar con el alma inmortal de Menandro, deberá aguzar el ingenio para evitar que el malvado siga sembrando el horror con sus deseos, condene la vida de la reina y extienda su maldición a los herederos de la corona.

Fuerzas siniestras despiertan desde lu oculto, y, con ellas el peligro más grande al que jamás se haya enfrentado la monarquía francesa unos deseos pedidos a un ente malefico, pueden causar el desastre.

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