El doctor Germán Rodríguez comparece ante los medios para informar del contagio de ébola

Doctor Germán Ramírez, permítame que le califique como el médico del ébola. No tanto, en realidad, porque su actuación profesional haya resultado definitiva para encontrar una solución a tan terrible mal. Más bien porque se ha convertido protagonista indirecto, en los últimos días, de la gran polémica que ha surgido a consecuencia del contagio de una auxiliar de enfermería que participó en los cuidados de los misioneros repatriados. Y colaborador, tal vez involuntario, pero en cualquier caso necesario, del mayor linchamiento que se ha podido producir en mucho tiempo hacia un trabajador contagiado de una terrible enfermedad que, debemos recordar una vez más, fue el Gobierno español quien decidió introducir en nuestro país.

Rueda de prensa ¿improvisada?

Nadie pone en duda su capacidad y prestigio profesional, especialista de Medicina Interna en el hospital La Paz de Madrid, del que depende el hospital Carlos III. Tampoco el reconocimiento del que debe gozar de parte de sus superiores; de hecho en aquella rueda de prensa improvisada estuvo codo con codo con la subdirectora del Carlos III, Yolanda Fuentes. No obstante, aquel 8 de octubre, cuando usted salió del Hospital con ánimo de enfrentarse a la prensa, debió dejarse puertas adentro el juramento hipocrático.

Pocos días han pasado de aquella rueda de prensa en la que usted poco informó de la enfermedad y mucho de la causa del contagio y ya fuentes del CSIF -sindicato de funcionarios que habla en defensa de los profesionales-, se preguntan en público quién le había autorizado a hacer tales declaraciones. Díganos usted si tienen razón cuando aseguran que "ningún profesional puede hablar en nombre del paciente sin su consentimiento" y mucho menos en semejantes circunstancias de salud y anuncian “algún tipo de medida al respecto” a través de un comité de alerta creado en el Hospital de La Paz. Quizás es que recuerdan el mencionado juramento y aquello que decía el viejo Hipócrates: “todo lo que, con ocasión de mi práctica profesional o sin relación con ella, pueda ver u oír de la vida de mis pacientes y que no deba ser divulgado, no lo diré a nadie, consciente de que de todo ello deberé guardar secreto”.

 

Virus del ébola visto a través de un microscopio

Sindicato CSIF denuncia "presiones" a la auxiliar

El caso es que usted habló y dio por hecho que la Teresa Romero había reconocido el error y que se había tocado la cara por accidente. Claro que, también decía que la enferma estaba confusa y que sus palabras exactas fueron: “pudiera ser que me tocara la cara". Seguramente por eso, el mismo CSIF afirma que la auxiliar “fue presionada mientras tenía fiebre alta en un interrogatorio” y, si en una primera declaración había dicho que había cumplido el protocolo paso a paso, fue “presionada para que algunos oigan lo que quieren oír”. Claro que eso, como podrán decir muchos, no es más que la versión del sindicato.

Para el doctor Germán Ramírez la confesión resultaba un verdadero alivio, porque suponía la identificación inmediata del fallo en la cadena de protocolo. Claro que esa cuestión no podrá comprobarse nunca, porque las cámaras que vigilan el proceso de retirada del traje protector, curiosamente, no graban; solo transmiten, aunque no se sabe a quién, porque luego nadie ha visto nada. Pero, el doctor no decía ni una sola palabra sobre posibles fallos en el protocolo. Tal vez el hecho de haber firmado este mismo protocolo de atención del Hospital La Paz de Madrid no había sido suficiente para que el doctor Ramírez se diera cuenta de que no se incluía la supervisión a la hora de retirarse el traje; aspecto que ahora Sanidad ha reconocido como un error.

La consecuencia, doctor Germán Ramírez, es que sus declaraciones fueron un apreciable balón de oxígeno para las autoridades sanitarias, agobiadas por las críticas de la mala gestión. También para que los medios de comunicación cercanos al Gobierno machacaran a esta profesional de manera inmisericorde, satisfechos con ese minuto suyo de gloria ante las cámaras. Gloria tal que algunos ya especulan con que tal vez debamos cambiarle pronto el tratamiento de doctor por el de Excelentísimo que se antepone al nombre del actual Consejero de Sanidad de Madrid, el desafortunado y parece que caído en desgracia, Javier Rodríguez.

Fachada del hospital Carlos II de Madrid, donde se produjo el contagio

La Fiscalía de Madrid abre diligencias sobre el contagio de ébola

Como colofón, después de todo este follón, la Fiscalía de Madrid ha decidido abrir diligencias para determinar las circunstancias reales del contagio del ébola por parte de la auxiliar de enfermería. Supongo que usted, como testigo, deberá declarar en algún momento. Lo hará, como es natural, bajo juramento. Y, en este caso, ya le voy avisando, doctor, de que no es suficiente con el de Hipócrates.

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