Hijo de Júpiter y Latona. APOLO era un Dios muy sabio, admirado tanto por los romanos como por los griegos. Era uno de los dioses mayores que siempre manifestaba en sus acciones la voluntad de su padre.

El culto a Apolo se introdujo en Roma aproximadamente a finales del S. VI a.c. Tal era la devoción que sentían hacia éste Dios, que después de haber sufrido una epidemia de peste, se le dedicó en la zona donde se había extendido la enfermedad, un templo a “Apolo Médico”, según se decía era capaz de curar las enfermedades y evitar los contagios.

Augusto le dedicó a Apolo un templo en el Palatino. La estatua de Apolo estaba acompañada por su madre Latona y su hermana gemela Diana, diosa de la caza (Artemisa para los griegos).

Apolo era el cuidador de las musas y dirigía su música y bailes. por ello en ocasiones se le representaba con un arco en la mano. Era el Dios de las profecías del Oráculo de Delfos.

Protagonista de todo tipo de esculturas y de uno de los relatos amorosos más contados por escritores y retratados en estatuas por grandes escultores: “Apolo y Dafne”. El Dios estaba tan enamorado de la ninfa que la persiguió constantemente a pesar de que ella no quería tener nada que ver con él. Los dioses ayudaron a Apolo a alcanzar a la ninfa y ésta pidió a su padre, Peneo, dios de la lluvia, que la ayudara a escapar del Apolo y la convirtió en un árbol, Apolo, cegado por la traicionera flecha de Eros, cuidaría toda la vida de la ninfa convertida en árbol.

Debido a que el culto a Apolo venia de los romanos estos no tenían ninguna equivalencia para el Dios como pasaba con otras deidades, pero más adelante se le llegó a llamar Febo (dios del sol).

Divinidades romanas: Apolo

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