"La distancia no es velocidad por tiempo" podía ser una frase cualquiera, en una canción cualquiera, de un grupo cualquiera. Sin embargo, una vez prestada la atención que canciones así merecen, te das cuenta de que no es, ni mucho menos, una frase cualquiera.

Nuestro mundo se rige por principios matemáticos, leyes físicas, elementos químicos y quién sabe qué más locuras científicas carentes de sentido emocional. Para mí la distancia no es velocidad por tiempo, no. Para mí la distancia son trenes, son días malos, son días buenos, son llamadas, son mensajes, son fotos en un tablón. Para mí la distancia son fuerzas que no siguen las leyes de Newton, son líneas paralelas que buscan desesperadamente cruzarse, son segmentos de vías tangentes a una estación, estados de ánimo en gráficas sinuosas, hoy cielo, mañana suelo. Para mí la distancia son teoremas que ni el mismísimo Pitágoras sería capaz de explicar, ecuaciones que de alguna forma te enseñan a cocinar, principios de bioquímica que solo quieren ser finales. Un efecto Doppler para sordos, un agujero negro atemporal, una relatividad irrelevante. Disculpeme señor Einstein, es simple cuestión de subjetividad. Para mí la distancia se mide en 'Skypes' que tienden a infinito o, en su defecto, a 'Whats Apps' por diez elevado a la sexta.

Para mí la distancia no es velocidad por tiempo, es algo más allá de lo físico, es algo intangible, y como tal, soy incapaz de llegar a odiarla, aunque lo intente con todas mis ganas. Supongo que hay cosas que no podemos explicar así que "olvídate, d no es igual a v por t, siempre lo supiste y yo ahora lo sé". Yo ahora lo sé...

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