¡París!... seguramente habrá escuchado que los parisinos son insufribles… o inclusive usted mismo lo ha dicho... o aún peor: ¡los ha sufrido!

Efectivamente en su mayoría son bastante pesados: engreídos, fatuos y groseros.

El haber vivido casi veinte años en París me permitió dos cosas: amar profundamente París y aprender a manejar a los parisinos.

Pero empecemos por la parte hermosa: París, la Ciudad Luz.

Si usted la conoce, es muy probable que esté de acuerdo conmigo: es, con seguridad, la ciudad más hermosa del mundo.

Si usted no la conoce, por lo menos habrá oído hablar a alguien de ella y, generalmente, habrá sido bien.

Pienso que hay por lo menos tres París diferentes:

El París más conocido por el mundo entero: el de las postales, el de la Torre Eiffel, del Arco de Triunfo, de los Campos Elíseos, del Barrio Latino… y podría llenar esta página con lugares maravillosos.

Luego el París de los parisinos, lleno de pequeños Bistrós, Cafés, Restaurantes, callejuelas sinuosas, avenidas amplísimas, vecindades apiñadas, apartamentos lujosísimos… y aquí también podría continuar la enumeración.

Y otro más, que es el París de la Cultura, de la Arquitectura, de los Espacios Verdes, de los Colores, de las Flores, de los Museos, las galerías, de la Gastronimía... y aquí podría llenar no una página, sino un libro.

Pero en todos estos diferentes París, hay algo en común: los Parisinos… así, con mayúscula.

Cuando empecé a tener que interrelacionarme con ellos, con un miserable dominio del idioma francés, con una aprehensión terrible de ser maltratado por ellos, con el deseo de regresar a mi país, controlándome para no partirle la cara al mesero que te lanza el plato sobre la mesa… y así infinidad de cosas, me di cuenta que, por lo general, el problema del parisino es que tiene una especie de complejo, y muestra una imagen de déspota, autosuficiente y displicente, para evitar que se asome su verdadera personalidad, pues en el fondo, son gente buena, yo diría que hasta tímida, que la ha pasado mal muchas veces, pues han sido invadidos repetidas ocasiones por sus vecinos alemanes e ingleses, .

Como todo turista novel, cometí errores que después me di cuenta que hubiera sido muy fácil evitar y que provocaron que ese primer encuentro fuera desastroso, pudiendo haber sido mucho más tolerable.

Lo más importante: el idioma. Quienes hablamos español, nos creemos que el idioma universal y en el cual todo mundo nos va a entender, es el inglés… craso error, por lo menos con los franceses. He visto muchas veces a franceses que sé que hablan o por lo menos medio entienden algo de inglés, no responder o, peor, mandar a paseo a alguien que se dirige a ellos en inglés. Enemigos de los ingleses por siglos, con el agravante que durante, también siglos, se habló francés en Inglaterra, en consecuencia detestan el idioma. En cambio si usted le habla en español, están mucho más dispuestos a tratar de comunicarse, aún si saben incluso menos castellano que inglés.

Consejo: aprendan una pequeña frase en francés: “Excusez-moi, je ne parle pas française, parlez-vous espagnol ?”, que suena en castizo algo así como: ¿escuse mua, ye ne parle pa fransé, parle vu español?... normalmente el interlocutor, por parisino que sea, cambiara de actitud. Ya sea que en un pésimo español diga que no sabe más que “hola”, sea que logre hablar bastante más de lo que esperábamos.

Parece mentira, pero una vez que se estableció el contacto en español, uno se da cuenta que lejos de ser tan insoportables como todo el mundo supone, son hasta casi amables. 

La otra es que usted hable francés, regular, bien o muy bien. Evidentemente ahí no habra ningún problema de comunicación, pero sigue habiendo el resquemor por parte de parisino común de que somos turistas. La actitud que me dio buen resultado fue hacer ostensible que uno es turista, pero no del estilo "tejano", que lo que sabe hacer es criticar que la cocacola es cara, recordar que los "marines" liberaron París, y no preocuparse de el inmenso tesoro cultural que hay en París.

En este caso, creo que será mucho mejor visto si se interesa el lo que hay en esta ciudad, con historia o sin ella (Notre Dame o la Pirámide del Louvre), con cultura o sin ella El Museo de Orsay o la estación de Lyon), beber vino en lugar de cocacola, y verá que la mayoría de las personas le corresponderán en su interés.

Pero lo más importante: si a pesar de estos consejos, algún parisino da la nota, haga caso omiso y ¡siga disfrutando de París!

 

 

 

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