? Disciplina Detectivesca

Estudié la primaria donde los curas Dominicos, fui pésimo estudiante de angustioso rendimiento, quizás en parte porque nunca me pude adaptar al estilo y sistema monacal de represión y castigo, heredado por estos otrora paladines de la violenta Santa Inquisición.

Recuerdo al Prefecto de disciplina, un hombre posiblemente de origen cundiboyacense por sus rasgos mestizos, tan corrientes en esta región andina, de estatura media, eternamente sudoroso, de piel grasosa, que le brillaba intensamente al sol. Como reptil de estanque, unas veces agazapado y acechante, otras desplazándose ágil y furtivamente como una sombra por los corredores, columnatas, escaleras y orificios del Colegio; con la sotana y el atuendo de colores crema y negro distintivos de la insidiosa Orden, bien enrollada, recogida y trincada hasta la asfixia por su raído cinturón de cuero café, esto para lograr una mayor movilidad, dándole un risible aspecto de repollo andante, listo a encontrar in fraganti a sus víctimas y asestar de un tajo el anhelado golpe, lanzando un definitivo fustazo con la larga y gastada regla de madera que lo acompañaba en sus excitantes e interminables cacerías, esbozando luego una sonrisa atroz, reflejo sabrá Dios de sus más íntimos, sórdidos, morbosos y siniestros pensamientos.

Al fraile verdugo la dirección de la prefectura, se le iba en castigar faltas que pretendía descubrir.

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