Influencia

DINERO: Señor del Bien y del Mal

 

Todos sabemos la función del dinero. Es el método de intercambio de bienes materiales y servicios, la medida para poner el valor a los objetos y los trabajos a realizar. Una medida con franjas que permite cierta libertad dentro de unos límites establecidos que determina si el servicio o el objeto que se compra a cambio de un precio caro o económico.

Muchos conoceremos también el origen del dinero. Actualmente, hay dos manifestaciones de él: en formato de papel con unos números impresos que indican el valor, así como unas monedas cuñadas con el valor por un lado y un emblema por el otro.

El dinero es un bien o valor que evolucionó a lo largo de la Historia y está presente en cualquier ámbito de nuestra vida actual. Estamos habituados a utilizarlo a diario: pagamos en el supermercado, pagamos en los bancos el alquiler o hipoteca, los servicios, el seguro de la casa o del coche… en fin, ya no nos imaginamos un mundo sin el dinero. Pero, ¿estamos conscientes del papel – y nunca mejor dicho – que desempeña en nuestra sociedad?

¿Qué influencia tiene el dinero sobre nosotros?

a) Influencia positiva

b) Influencia negativa

Influencia positiva: Mientras tengamos suficiente dinero para suplir todas nuestras necesidades básicas (pagar todos nuestros recibos mensuales y comer bien todos los días) y, además, podemos permitirnos de vez en cuando algún capricho (un viaje, un regalo, una fiesta…), notamos la influencia positiva de este medio de pago. Los resultados son: tranquilidad mental, un buen sueño o descanso, una vida social equilibrada, hacemos planes de futuro, llevamos una vida relativamente sana y notamos cierta felicidad.

Influencia negativa: Cuando nos falta el dinero, comienzan los problemas, vivimos las consecuencias de su ausencia. No podemos hacer frente a nuestros gastos y comienza el sufrimiento.

Consecuencias de la ausencia: preocupación extrema, ansiedad, estrés, depresión, taquicardia, hipertensión, nerviosismo, hambre por no poder comprar comida, frío por falta de abrigo o una casa. Ausencia de una vida social activa, falta de felicidad. Nuestra vida pierde su equilibrio. Desesperación.

La falta de este bien puede concluir en casos concretos en suicidio. A lo largo de las crisis económicas, que pueden ser personales, generales, nacionales o internacionales, ya se han dado múltiples casos de suicidios como consecuencia de la falta de dinero, al no ver el final del túnel tan amargo, por no saber encontrar una solución a este medio.

¿Realmente estamos conscientes del dominio que tiene el dinero sobre nosotros?

Incluso, cuando creemos que su influencia es positiva, porque disfrutamos de la vida, podemos caer en unos aspectos negativos que son más peligrosos aún que los arriba mencionados. Los ya citados pueden ser fatales, eso sí. No obstante, cuando en principio lo tenemos todo, corremos otro peligro: la avaricia.

La avaricia consiste en querer más, no saber poner un límite. La lucha por conseguir siempre más y más. Dedicamos todo nuestro tiempo, esfuerzo y saludo por trabajar y preocuparnos por qué más podemos hacer. Dejamos de disfrutar de la vida, del tiempo que tenemos, de nuestra familia y nuestros amigos. Pasamos noches sin dormir y arriesgamos nuestra salud.

Algunos roban por necesidad, porque el hambre los impulsa. Otros, roban porque quieren más y nada les parece suficiente para enriquecerse aún más a costa de otros.

¿Sabemos poner unos límites?

¿Cuánto cuesta tener la consciencia tranquila? Según lo que tú necesitas para vivir bien y cómo organizas tu vida y planificas tu tiempo, teniendo en cuenta tus prioridades.

¿Cuánto cuesta tu salud? La salud se puede medir en los precios de las consultas médicas, las pruebas a realizar, según el coste de los medicamentos o el precio de un seguro médico que corre con los gastos.

¿Cuánto cuesta tu tiempo, tu vida, tu familia, la amistad? ¿Podemos ponerle precio?

¿Te has preguntado alguna vez, cuánto cuesta el amor? ¿Quién le puede poner precio al amor?

El límite se acaba dónde comienza la avaricia. Es fácil saber lo que queremos, cuánto queremos, cuándo queremos y cómo queremos. Lo difícil es reconocer haber sucumbido a la avaricia y reconocer haber permitido que el dinero nos domine, haber permitido que el dinero nos dicte cómo vivir, qué, cómo y cuánto hacer, en lugar de ser nosotros que digamos: hasta aquí. Esto es lo que quiero, ni más ni menos. Seamos nosotros que dictemos cuánto necesitamos para vivir.

El mundo es un mercado lleno de placeres y riquezas, pero también de deudas y préstamos.

Recuerda, eres tú el que maneja el dinero como medio para el fin. No permitas que el dinero te domine a ti para arruinarte jamás. Invierte en ti mismo con sabiduría. Analiza y pon tu vida en una balanza.

felicidad

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