El dinero te hace feliz. Cuando estás deprimida no hay nada mejor para regresar al estado de alegría que una tarde de compras. Entras en una tienda, billetera en mano, y te sientes una pretty woman. Haganle la pelota, decía Richar Gere a las empleadas. Las que me atienden a mí me adulan sin que nadie se lo pida. Todo me queda bien. ¿Cómo no voy a comprar?

La tarjeta del banco va pagando y la sonrisa regresa a mi cara. El dinero me está haciendo feliz ahora cuando sólo pienso en trapitos y perfumes, gracias al buen hacer de dependientas de tiendas como Mango, El Corte Inglés, Zara. Te hace feliz cualquier cosa, suele decir mi marido. Nunca entenderá que mis depresiones se curan en El Corte Inglés.

Mi relación con el dinero mejoró mucho desde que me di cuenta de que me hace feliz, de que te hace feliz, de que nos hace felices. Dicen que no da la felicidad, pero ayuda a que seas feliz los que se llevan mal con el dinero. Yo digo que te hace feliz sin más. El dinero es para disfrutar y a mí me gusta disfrutarlo en las tiendas. Así ayudo a que aumente el consumo en mi país y, en consecuencia, doy trabajo a las vendedoras, repartidores, empleados de las fábricas que fabrican los productos que compro.

Puedes pensar que se puede ser feliz llevando los bolsillos vacíos. Miras una puesta del sol abrazada a tu chico y eres feliz. Miras la carita sonriente de tu hijo y eres feliz. Cenas con tu familia y eres feliz. Pero serás más feliz si les puedes comprar a los tuyos lo que desean. Como dice mi madre siempre, hay que dar y tener para que te vengan a ver. Ella se gana a los nietos siendo generosa y, para ser generosa, hay que tener dinero.

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