mi amor

DIME QUE SÍ...

 

Dime que si…, le dije y, ella solo reía, reía y reía. El grado de frustración que sentía era tal que corroía mi corazón, mi alma, todo mi ser. La vida no es fácil, todos nosotros de alguna manera lo hemos experimentado en carne propia. A veces pareciera que las adversidades producidas por la dinámica del discurrir de ella se cebaran en nuestra humanidad con saña, sin clemencia, arrancándonos las ganas de vivir. ¿Qué si es amargura? ¡S!

Amargura, sueño y paradoja

Toda mi vida había soñado con encontrar un gran amor, una mujer hermosa, que se enamorara de mí, que me amara con entrega, tuve largos años acariciando este sueño, un sueño que cultivaba, cuidándolo con esmero. Siempre que tenía un momento de reposo en soledad volvía recurrentemente al mismo. Creo o mejor dicho estoy seguro que ustedes han tenido el mismo anhelo, con algunas variantes, tal vez más aderezado, orlado con menos o más colorido o sentimientos o que se yo cuantas cosas.

Pero la paradoja es; que cuando lo encontramos o nos pasa por al lado, nos agarra descuidados, distraídos o simple y llanamente no lo creemos. Esto es tan cierto que muchos de esos sueños han quedado en el camino, dejándonos con los ojos claros y sin vista y en la más cruda ignorancia. Algunos tenemos el privilegio de dar en el clavo a las primera de cambio y otros tropezamos con la misma piedra dos veces ¿Oh?

El jolgorio y la alegria, los colores

Estaba distraído tomando un café en una de esas cafeterías al aire libre, estaba distendido, laxo, disfrutando de la tarde que ya estaba cayendo y refrescando, la gente pasaba en algunos casos presurosa y otras mirando los aparadores de las tiendas, el jolgorio de los muchachos, con sus risas y su contento corriendo de aquí para allá y para acá. Otros como yo; mirando las muchachas de todos los colores, estilos, bonitas, más bonitas (en lo personal para mí no hay mujer fea), las parejas, novios, el colorido multicolor de las prendas de vestir.

Todo en un abigarrado ambiente para todos los gustos y colores. Tiendo la mirada por todas las mesas de alrededor, curioseando a la gente, los novios se besan, se toman las manos y se miran a los ojos como corderos degollados, encantados por la magia del amos, las parejas, los matrimonios con sus hijos, pendientes de ellos cuando comen los helados, las golosinas, -escuchando sonriente cosas como -¡no te ensucies¡ siéntate, come, -mi amor ven acá –toma a tu hermano de la mano –bueno, ¡esa es la vida¡

La mujer bonita

En ese paneo de curioso ya me había fijado desde hacía rato en una bonitísima mujer tres mesas más allá de la mía, al frente, tenía frente a sí un vaso de jugo, al cual de vez en cuando le daba un sorbo, miraba a todos lados distraída, casi con indiferencia, de cuando en cuando daba una mirada a su diminuto reloj de pulsera; es de suponer que esperaba a alguien. Dediqué mi atención exclusivamente a ella, mirándola a hurtadillas sin ser evidente ni grosero. Ella alguna vez me miró de soslayo sin mucha atención.

Media hora, cuarenta minutos y nada que llegaba la persona tan esperada; yo había tomado ya dos tazas de café, ella miró por enésima vez su pequeño reloj al parecer ya estaba cansada de esperar. Eran casi las 6,30 de la tarde. Ella posó su mirada de medio lado donde yo estaba por unos instantes, tomó su bolso y rebuscó en su cartera hasta sacar un monedero de dónde sacó el dinero para pagar. En ese instante se paró frente a su mesa, una de esas mujeres que llaman la atención en todas partes, por la opulencia y redondeces de sus formas de mujer con una abundante mata de pelo negro.

La presentación

No podía ver su cara, estaba de espaldas a mí pero, al mirarla con más atención me pareció vagamente familiar. La niña bonita se puso de pie y se abrazó efusivamente a la recién llegada. Luego se sentaron. Yo quería verle la cara al monumento que llegó, fue tanta la atención que le dediqué, que ellas hablaron entre si y luego la hermosa volteó asía mí sin ninguna delicadeza. ¡Y oh milagro! Era mi vecina y amiga Karla, me miró y su cara se ilumino con una bella sonrisa.

Se cambió de asiento y me hizo seña de acercarme, lo cual hice de mil amores. Hola como están- Miguel que tal –bien –te presento una amiga -Niña bonita tendió su manita dijo- Samantha- la miré recto a los ojos, para servirte; Miguel- de cerca era más linda –ojos rasgados de color miel, cejas finas, boca grande bien dibujada, dientes blanquísimos- En el transcurso de la conversación me enteré que eran tía y sobrina y se habían citado para hablar de asuntos familiares. Samantha me miraba cuando yo no lo hacía, su tía Karla, nos miraba curiosa y sonreía melifluamente.

La fiesta y el cumpleaños

Karla; me invitó para una fiesta una semana después y cuando lo hizo me dijo con intención que Samantha era la celebrada por su cumpleaños. Acepté de inmediato. Ese día sábado me presenté en la fiesta regalo en mano y un ramo de rosas rojas. Me recibió Karla dándome un beso en la mejilla diciéndome –los regalos se los entregas a la homenajeada en sus manos- bien- dije- me tomó del brazo conduciéndome a su presencia. –Mira lo que te traigo –Samantha se ruborizó hasta la raíz del pelo –diciendo- por Dios tía- le entrego el ramo y el regalo- Karla le dice- ábrelo- sonrío- -ella abre el paquetito azorada- En él había una letra S de oro en carácter gótico –Se llevo una mano a la boca y exclamó ¡Oh!

Sin ambages puedo decir que ha sido la noche más feliz de mi vida. Me le declaré- ella solo sonreía- ni un si ni un no- La noche terminó a mi pesar, quedando en el aire la respuesta a mi declaración de amor. Sin embargo nos seguimos viendo casi a diario por más de tres meses. Y aún sin respuesta de parte de ella. A veces pasaban hasta cuatro días sin vernos, aduciendo ella cualquier razón por ello. Hablé con Karla al respecto sobre mi relación con su sobrina, ella me escuchó sin interrupción y luego me dijo que si había una razón para ello pero; solo Samantha me lo podría aclarar.

La hora de la verdad

Finalmente tomé una decisión. Esta noche estamos citados y es hora de saber la verdad. Salimos como siempre a pasear y luego a tomarnos unas copas de vino. Una vez que llegamos al local indicado pedimos un bungaló para nosotros. Mientras tomábamos sendas copas de vino. Tomé la iniciativa: Samantha mi amor, no dudes ni por un momento de mi amor pero; quiero de tu parte, entera sinceridad- ¿tú no me amas verdad? –Ella, se tomó las manos y se las estregaba una contra otra angustiada- Quiero una respuesta de una vez, dije- Miguel perdóname por haberte engañado- estoy comprometida- remató- por su cara rodaban las lágrimas incontenibles- de un salto se puso de pié y salió corriendo- yo me quedé paralizado, anonadado- Desde este momento por mi parte, todo había terminado. No necesito más.

Ustedes tienen aquí el motivo de mis amargas reflexiones del comienzo de este relato. Es posible que mis expectativas con respecto a que Samantha me diera el sí, de su aceptación de mis pretensiones amorosas estaban sobre valoradas. Hacen más de cuarenta y cinco días desde la última vez que vi a Samantha. Por cierto, ni deseo verla, aún siento el dolor que me causó como una puñalada- Sábado, estoy recostado en una poltrona en la sala viendo televisión, son las nueve de la noche. Suena el teléfono; aló- hola Miguel soy Karla- Hola como estás- y eso –escucha, quieres recuperar a Samantha- ¿sí o no?

El final felíz

Verdaderamente no sé- Oye con atención…, si te interesa ya lo sabes, el rompimiento fue por ti- No digas que yo te dije ok- bien- Seis y media de la tarde, Samantha hizo su entrada a la cafetería de siempre; yo estaba semi-escondido esperándola sin que se diera cuenta. Miraba a todos lados como buscando a alguien, espere un buen rato. Luego me le acerqué por la espalda- Buenas tardes- ella pegó un salto- Dios mío, exclamó- estaba de pié pálida- Luego de un brinco se colgó de mi cuello sin importar la demás gente, dándome un largo beso en la boca. Había recuperado mi sueño, mi Samantha.


mancha1

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