¿Qué tan fácil o difícil es para ti el perdonar?

¿Perdonas todo el tiempo, o sólo en algunas ocasiones, y dependiendo del agravio?

Creo que todos hemos escuchado esta expresión: Perdono, pero no olvido. Y también: Pecar es humano; perdonar es divino. Con lo cual reconocemos que el perdón es algo demasiado difícil de practicar, por ser muy superior a nuestras fuerzas.

Y, aunque sabemos que perdonar es muy necesario para el alma, para el cuerpo y para el espíritu, por lo general tomamos el camino más fácil y decir: no puedo perdonar.

  • Para el alma, porque eso nos ayuda a mejorar nuestras relaciones personales.
  • Para el cuerpo, porque eso nos protege el corazón y otros órganos internos.
  • Para el espíritu, porque eso nos identifica con el amor de Dios hacia nosotros (Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Isaías 1:18)

La Biblia lo menciona:


Mateo 18:21-22:
Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.


Mateo 6:12:
Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Creyentes o no creyentes, de alguna manera todos sabemos que es bueno y necesario perdonar; pero como es tan difícil, nos parece hasta imposible en algunas ocasiones, que preferimos mejor escudarnos en aquellos dichos populares.

Hay muchos factores que hacen que una relación personal fracase (llámese matrimonial, de amistad, padres e hijos, vecinos, etc.): la neurosis, los malentendidos, la falta de perdón, el egoísmo, falta de capacidad para amar... Pero creo que de entre todas, la principal es la falta de perdón. El no perdonar puede ocasionar que una neurosis se exacerbe, que no tengamos interés en resolver un malentendido, que sintamos que ya no amamos a aquella persona, que mostremos falta de empatía, etc...

Una vez, hace años, leí en una revista una historia que no sé si es ficticia o de la vida real, pero igual me mostró una gran enseñanza (la cual me encargué de compartirla con mis hijos):

Viendo el enorme índice de divorcios, a nivel mundial, unos jóvenes periodistas se dieron a la tarea de entrevistar a personas que tenían, o habían tenido, matrimonios longevos, para pedirles que compartieran con el público sus secretos y sus propias técnicas para haber eludido tan exitosamente el divorcio, y haber logrado mantener un matrimonio feliz a lo largo del tiempo.

Hubo varios comentarios, todos muy edificantes; pero uno se me grabó en la memoria. Una viejecita, que había quedado viuda recientemente, después de un matrimonio de más de 60 años, contestó lo siguiente:

Cuando yo me casé, el día de mi boda frente al altar, alcé mis ojos a Dios y le dije: Señor, quiero estar casada con este hombre por el resto de mi vida; por lo tanto, me comprometo a perdonarle 10 errores o faltas que cometa a lo largo de nuestra vida juntos...

Y así lo hice... Cada vez que mi esposo cometía un error, o me ofendía de alguna manera, alzaba mis ojos hacia Dios, y le decía: "Gracias, Dios, porque éste es uno de los 10..."

¡Qué maravilla! Apenas puedo imaginarme qué fortaleza de carácter para haber mantenido su promesa después de décadas y décadas de convivencia diaria.

¿Cuál fue la herramienta que esta mujer usó para mantener ese compromiso con Dios?... El perdón.

En la siguiente parte, les platicaré mi testimonio personal, cómo fue que Dios me enseñó a perdonar incondicionalmente...Sonrisa

El perdón es liberador

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