QUÉ DIFÍCIL ES CONTROLAR NUESTRA LENGUA

QUÉ DIFÍCIL ES CONTROLAR NUESTRA LENGUA

QUÉ DIFÍCIL ES CONTROLAR NUESTRA LENGUA, muchas veces por causa de enojo, discusiones o simplemente cundo algo no nos está saliendo bien, explotamos con una ¡palabrota! Y luego reaccionamos y nos damos cuenta de lo que dijimos cuando ya las hemos dicho, cuando ya nos han escuchado y peor aun cuando ya pudimos haber herido a una persona.

Todo lo que digamos, expresa todo lo que pensamos y sentimos, todo lo que hay en nuestro corazón. En definitiva somos lo que decimos. Por esto debemos saber usar las palabra, al cambiar nuestros pensamientos, al tener fe y disciplinar nuestro corazón comienzan a cambiar nuestras palabras y por ende comienza a cambiar nuestra vida.

Tengamos cuidado con lo que decimos tenemos que ser más prudentes, el efecto negativo que puede tener lo que digamos nos afecta y mucho. El Espíritu Santo nos dirigirá a declarar victorias, a bendecirnos a nosotros mismos y a los demás, el curso de nuestra vida cambia cuando cambian nuestras palabras, sepamos también que el enemigo usa las palabras para el mal. Cuando alguien maldice con odio desata espíritus inmundos que intentarán destruir. Cuando los padres declaramos cosas malas sobre nuestros hijos se abre la puerta a las ataduras, a los traumas, a los complejos. Una sola palabra dura puede trastornar el corazón y los pensamientos de una persona que luego habrá que sanar en el poder de Dios

La lengua humana ha producido  guerras,  muerte y sufrimiento que cualquier arma nuclear. Esto no es ninguna exageración. Pero quizá la fuerza más destructiva de la lengua se ve en su capacidad de alejar a la gente incrédula de la verdad. ¿Es nuestra palabra siempre con gracia y sazonada con sal o es corrompida

Así mismo te invito a que cada día luchemos por crear el hábito de quedarnos callados y REFRENAR NUESTRA LENGUA cuando no hay nada positivo e inteligente que decir.

Finalmente, cuando hables, hazlo con sabiduría, amor, buena intención, para beneficiar, y procura hacerlo libre de prejuicios y malas intenciones. Di la verdad, solo la verdad, con un corazón libre de mala intención, pero dilo a la persona indicada, en el lugar correcto y en el momento indicado y con las palabras acompañadas de sabiduría y amor. Si en alguna vez hablas mal, ve y pide perdón por si haz ofendido.

Dios mío, te amo con todo mi corazón, anhelo cada día hacer tu voluntad y ser agradable a ti, reconozco que solo tú tienes el poder sobrenatural de transformar mi vida, tu mejor que nadie conoces mi corazón y las intenciones que hay en él, en este día en especial quiero pedirte que me ayudes a refrenar mi lengua, que traigas a mi mente y mi corazón el sentir y pensamiento de quedarme callado en las ocasiones en donde mis palabras puedan dañar o en donde mis palabras puedan provocar una mal reacción. Ayúdame a mejorar mi vocabulario que mis palabras lejos de ser azotes sean como algodón, que edifiquen y que ayuden, llena mi boca de sabiduría y que mi lengua saboree tus palabras. En este día me propongo a crear el habito de refrenar mi lengua de decir mal, ayúdame tu, que tú seas la fuente que me impulse a crear dicho habito, sin ti no puedo, pero contigo sé que soy más que vencedor.

Dios mismo nos advierte que por lo que habla nuestra lengua seremos juzgados estas mismas palabras serán para aprobarte delante de Dios o para condenarte, es por eso que antes de hablar piensa bien lo que vas.

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