En los países cristianos se vive la Semana Santa como una rememoración de lo que fue la pasión de Cristo, su entrada triunfal en Jerusalén (que es el Domingo de Ramos), la posterior flagelación y cricificación y por último la resurrección. No todos los pueblos lo viven de la misma manera ya que el deseo de identificarse con el sufrimiento de Jesús lleva a varias culturas a realizar actos que rayan en la barbarie por su exagerada forma de maltratar y castigar el cuerpo como es el caso de Filipinas.

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Este país de mayoría cristiana, vive con exagerada deboción la Semana Santa a juzgar por las imágenes que cada año aparecen en televisisión de personas ensangrentadas y flagelándose. Los protagonistas ofrecen crucifixiones reales en San Pedro de Cutur (norte de Manila) y por exagerado que parezca son actos de devoción a los que se prestan libremente y para ellos es un honor participar. No obstante, hay grupos en Filipinas (incluídos cristianos) que consideran estas celebraciones brutales y piden que se terminen pero una gran parte de la población se niegan pese a que el Vaticano ha mostrado su rechazo a estas practicas exageradas. 

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En Valverde de la Vera, un pueblo de Cáceres (Extremadura) el jueves Santo salen "los empalaos" que son habitantes del pueblo que se visten con un timón de arado atado en los brazos con cuerdas quedando estos en cruz y provistos de un velo y una corona de espinas caminan descalzos por todo el pueblo arrodillándose ante cada cruz que encuentran. Las mujeres, así mismo, toman una cruz de madera y van descalzas con una túnica morada y una corona de espinas en la cabeza realizando el mismo recorrido que "los empalaos". Estos hombres son penitentes que han hecho una promesa y se ofrecen a cumplirla con el cuerpo fajado de cuerdas y los brazos en cruz.

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A todos ellos les acompaña un "cirineo" que tapado con una capa les alumbra con un farol de aceite. El recorrido se hace en silencio y solo se escucha el tintineo de las birlotas que cuelgan de los brazos en cruz de "los empalaos".

 

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La liberación de un preso en Málaga por Jesús "El rico" data del tiempo de Carlos III cuando por una epidémia la ciudad se quedó con gran cantidad de fallecidos y decidieron suspender las procesiones. Enterados los presos, se escaparon de la cárcel y pasearon a Jesús por todo Málaga volviendo luego a la cárcel para cumplir su condena. Uno de ellos regresó con la talla de la cabeza de San Juan "El degollao" y la puso junto a un preso que hacía días estaba moribundo, produciéndose el milagro al recuperar la salud el pobre condenado. Desde entonces, para agradecer la gesta de estos presos cada Semana Santa a  un preso de la cárcel de Málaga se le otorga esta gracia  siendo elegido el que muestra propósito de enmienda y arrepentimiento.

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