Diario de una borderline

Reflexiones de madrugada

Él apareció hoy también, de la nada, como siempre, saludando cortésmente y un naciente atisbo de complicidad, quizás por confidencias ya compartidas. Hoy me contó parte de su historia, la sentimental, su última experiencia y despedida de una mujer. Su historia no difiere de otras historias, pero viene marcada por un sin fin de detalles y matices, unos a la luz y otros escondidos, en algún rincón de un corazón que fue forzado a dejar de latir al unísono con otro. Las decisiones...juzgadas siempre como buenas o malas, porque en esta sociedad hay que poner etiquetas a todo para clasificarlo, con la excusa de facilitar su entendimiento, su asimilación, aceptación y, si ésto no pudiera ser, abandonarlo en el rincón del olvido. Considero que las decisiones no son ni buenas ni malas, son simplemente elecciones que nos ponen en camino de nuevas experiencias, y ser consecuentes con dichas decisiones implica aceptar sus consecuencias pero también deja libre el poder decidir nuevamente pudiendo incluso a anular la primera que tomamos. ¿En nuestra enriquecedora charla surgió una reflexión: “no es amor desear la felicidad del ser amado?”. Sí, lo es. Pero esa premisa se ha instalado en mi mente, sugiriendo nuevas cuestiones, nuevas dudas... ¿Es amor convencer al ser amado de tomar una decisión en virtud de una alcanzable pero intangible felicidad futura? ¿El insistir en ello es porque en su situación no se era ya feliz? ¿Es un sacrificio por amor cuando dos amantes se separan, uno por desear la felicidad del otro y el segundo por alcanzar la felicidad a través de una carrera profesional?

Su historia me conmueve, haciendo nacer en mí un sentimiento de compasión. Quizás sea por mi espíritu luchador, quizás sea por mi necesidad de conocer los secretos de mi corazón y con ello convertirme en un fragmento del corazón de la VIDA, pero no alcanzo a entender la decisión que tomó. Entiendo la de la separación, aunque no es por mi compartida, pero tanto la respeto como la entiendo, no puedo decir lo mismo de su segunda decisión: “no permitirse amar de nuevo a una mujer”.

Parte de su realidad, desde aquello, ha sido precisamente volcarse en la mujer, arregla muñecas rotas. Yo debo estar rota, en lo que él denominaría un problema de baja autoestima. Seguramente no esté tan rota como las numerosas mujeres con las que trata a diario, pero veo que es su deseo dedicarme parte de su tiempo y conocimiento, por lo cual le estoy agradecida.

Hoy me preguntó si me veo mejor desde que él habla conmigo, respondí que me veo igual, pero hoy pasó algo distinto. Hizo lo que hago yo tantas veces cuando algo llama mi atención, mi desbordado interés...lanzó una batería de preguntas. Yo no niego tener problemas con mi autoestima, pero ello no me frena, no me condiciona a la hora de seguir, de mantener la esperanza, de conocer personas, hombres entre ellas, con quienes poder sentir, compartir, crear momentos que perduren en el tiempo. Sé que me caigo muchas veces, pero con las mismas me puedo levantar y nuevamente intentarlo. Se me romperá el corazón en cada intento “fallido”, pero rio con toda mi risa y lloro con todas mis lágrimas, estoy viva. Y tener conciencia de ello hace que se perciba en mí, cual manantial al que acuden a beber las almas sedientas de fuerza, de vida en sí; y por lo que la causa, a la que él atribuye mi baja autoestima, pierde y disuelve su importancia para abrirme la puerta de una nueva posibilidad.

reflexiones

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