Diario de una borderline, La Otra Mañana

Me despertó la lluvia esta mañana, repicando alegremente sobre las hojas del ciruelo del jardín. Cerca de mi oído, también me avisaba como despertador el zumbido de un mosquito trompetero, al que no pude seguir por tener aún los ojos cerrados. No había suficiente claridad en el día como para incitarme a abrirlos. Me sentía hipnotizada, tal vez mecida toda la noche por el ritmo incesante del agua golpeando la ventana, y me costaba despertar.

Cuki vino a darme los buenos días, animada por el sonido de mi bostezo, señal inconfundible para ella de mi inminente despertar. Su húmedo hociquito olisqueaba mi mano en busca de caricias, mimos y juegos. Era toda una bola de energía de color blanco que me perseguía por toda la casa cual patito a su mamá pato.

Lamentablemente esa mañana no había tiempo para mi pequeña y fiel bolita, esa mañana iba a estar ajetreada. Tenía varias cosas en mente para hacer, y no se iban a hacer solas, así que tendría que ir levantándome y abandonando mi reconfortante comodidad para salir al mundanal ruido...

Enfrentar un nuevo día no era tarea fácil, siendo borderline. Había dejado todo escrito el día anterior, cuando pasé por un estado de “subidón por hacer cosas”, y al repasar la lista esa mañana se me caía el alma a los pies de pensar que era incapaz de hacer todo aquello por mi misma... una lágrima recorrió mi mejilla y cayó en “la lista”, emborronando la parte en la que ponía “ir a apuntarme al paro one more time”. Total, me apuntaría, luego no lo sellaría y volvería a estar igual, como siempre.

Repentinamente aterricé en una realidad en la que sonaba una canción que me encantaba, así que comencé a cantar como si me fuera la vida en ello, como si me inundara toda la alegría del mundo con un montón de notas de colores. Pero a mi vecino no le pareció tan gratificante como a mi, y no digo que las siete de la mañana sea una buena hora para cantar, pero tampoco es para que me diera golpes en la pared y hacerme entrar en un arrebato de ira, que me hizo empotrar mi bote de cristal de caramelos contra la pared del vecino y quedarme en mente con la ridícula frase de: “pa chulo mi pirulo”....

Otro día más que me salté la lista de tareas por hacer, me tomé la medicación, barrí los cristales y me mantuve frustrada un rato más.

lagrima

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