DIARIO de una borderline

BEATRICE llega

Escucho un silencio en la noche...más allá de él, en una lejanía más de pensamiento que de distancia, golpetea un insistente reloj analógico. Empiezo a divagar sobre la longevidad de su pila y la fuerza que suministra al mecanismo del reloj, que provoca un pequeño retumbar sobre la madera del mueble en el que se encuentra, manteniendo un ritmo constante e hipnotizador capaz de sumirte en un estado de apacible somnolencia. En la calle, una ligera brisa mece las hojas de los árboles a pequeñas ráfagas, de forma suave, haciendo un sonido con su roce y empujando a colarse un aire fresco por la ventana.

Acuden pensamientos a mi mente en tropel...han sido días intensos, y las emociones nunca fueron mi fuerte, mi TLP nunca me lo puso fácil en ese sentido.

Afortunadamente Beatrice ya está con nosotros y, pese a sus circunstancias, vivencias y ser ya una mujer, mantiene su inocencia intacta, aunque no se conoce todavía a sí misma. Me gustaría que se viera como la vemos nosotros, pero ahora es como una muñeca rota en un taller de reparaciones. Pienso mucho en cuál será la fórmula magistral que haga que Beatrice sane de sus heridas, no siempre la mejor de las intenciones es suficiente, pero daremos margen a la improvisación y dejaré que ella se marque a sí misma sus propios ritmos.

En esta semana he conocido de ella más que en los últimos ocho meses, y las conversaciones que mantengo con ella son de un gran valor. En ellas escucho con gran atención todo aquello que me quiere decir, y ya empezamos a tratar algunos temas de estricta confidencialidad que sólo compartiremos ambas y creo que le hará bien. Lo único que me importa es que Beatrice esté bien, se reponga y deje ver a esa MUJER que vemos en ella su padre y yo.

beatrice

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