hablando con él

Dialogando con nosotros mismos

Pasar un tiempo prolongado sin hablar con otra persona, nos permite descubrir que celebramos largos e intensos diálogos con nosotros mismos. Además experimentamos la existencia y presencia de ellos recurrentemente, aunque no siempre tomamos cuenta de su tamaño y presencia.´

Hace algún tiempo, cosa de más de tres años, en unas vacaciones tomadas más por estrés que por cansancio, tomé la decisión de aislarme por algunos días en una cabaña que alquilé cerca de una playa poco concurrida, lejos del jolgorio de la gente y, así; solo con lo más indispensable me aislé de la humanidad y de todo lo que fuera medios de comunicación y otros artilugios tecnológicos (móvil, televisión, etc.).

Diálogo interno

Durante todo ese tiempo, mi diálogo interno nunca cesó ni un segundo, más bien lo percibía amplificado cada vez, en ese ínterin sentía ostensiblemente el deseo de abandonar este aislamiento voluntario, donde mi consciencia se aferraba a él para encontrar la paz y la serenidad que mi espíritu necesitaba y, así encontrar el equilibrio perdido. Había otra voz involucrada; mi sentido mundano quería escapar y seguir sumergido en las mismas circunstancias que me habían conducido a este retiro regenerador de mi tranquilidad.

Sin embargo en esta lucha sostenida internamente, por ambas voces para imponer su ley, salió ganando el mejor criterio, el dominio y la voluntad de sostenerme inconmovible para hacer valedero mi deseo de encontrar la redención y reencontrarme con la vida para disfrutarla de la mejor manera.

solo consigo

Varios tipos de diálogo

Nos es posible diferenciar varios tipos de diálogo en nosotros mismos, entre ellos aquel donde lo que hablamos es positivo y vibramos al más alto nivel, el indeseado, que resulta de contenido negativo, donde afloran los sentimientos de negarnos a servir, de no ser aptos para nada, incapaces, de no merecer nada y… Finalmente uno que es muy raro escuchar a menos que los otros dos guarden silencio o simple y llanamente no estén presentes. Es el que procede de un lugar de luz, desde un lugar en apariencia externo, que no es más que la expresión de nuestro yo superior.

La conversación interna negativa es la más habitual, con un tremendo poder, pero; el diálogo en positivo nos resta la actitud de oír, de enlazar, de distinguir lo que expresa nuestro guía interno, que nunca para de emitirlas, pero lamentablemente siempre andamos, en nuestros diálogos sin prestarles atención, ni menos; oírlos.

El Yo Superior

Debemos entender que no se trata de hacer un cambio en el diálogo que sostenemos internamente, sino por el contrario se trata de silenciarlo, de bajarle el volumen para escuchar la información que genera el Yo superior nuestro, que desde un estrato superior, puede visualizar las imágenes completas y llevarnos por la mejor manera de encontrar un futuro mejor y tomar la decisión más apropiada.

Silenciosamente debemos decirle, sin pausa; a nuestra conversación interna, palabras de agradecimiento, de amor; esto hará que disminuya su volumen para dejar entrar la luz en nuestra vida y aceptar las inspiraciones que anhelamos.

Se trata de sintonizar nuestra mente y concederle permiso a lo que es parte integral de nosotros y que conoce las respuestas adecuadas. Si vemos las circunstancias despojadas de problemas y las tomamos como accidentes y oportunidades, se activa nuestra naturaleza creativa que inspirada, nos entregara las herramientas para dar la respuesta idónea a todas nuestras preguntas.

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