Desde siempre he sido fanática encantada de Woody Allen; admiro su creatividad, su humor, su gestualidad, su inteligencia, su presencia, sus historias de amor en la ciudad, su manera de leer el psicoanálisis, la insistencia en las contingencias de los que escriben, las burlas al existencialismo intelectual; es genial, en mis amados lo comparo a García Márquez, en su manera de narrar lo trágico, dónde se sufre y se ríe al tiempo; un tiempo que vuela en la magia, y el poder sanador de sus relatos.

Pero mi muy admirado y amado cineasta, tiene varios desvíos a sí mismo, en películas que parecen más bien hechas por otro, algunas regulares, otras malas, carecen de lo esencial de él.

En prinicpio, y principalmente de su presencia actoral en ellas, una presencia que otorga un peso único dado por su carácter, lo que imprime siempre un sello inigualable, el de uno que parece un hombre cualquiera, pero que resulta enamorador por su nerviosismo, sus reflexiones, su gestualidad, su vestir, sus conversaciones, y su nobleza. 

Match Poin, De Roma con Amor, Magia Luz y luna y Medianoche en París, son algunas de las películas que a mi gusto, sufren un desvarío esencial, no se si intencional, al estilo de Woody Allen. En ellas escasea el énfasis de su amor por la ciudad de Nueva York, que encatadora lo envuelve todo, homenajeando su arquitectura antigua, su historia, sus calles, sus resturantes; es una ciudad que aprendí a soñar en conocer por su mirada.

El existencialismo cómico, manifestado en sus diálogos críticos, maritales o entre amigos,  acerca de las decisiones, la sexualidad, el trabajo, el amor, los pintores, los escritores, lo femenino, las búsquedas humanas, la música clásica y el jazz; desaparecen tristemente, dando lugar a diálogos comunes, entre los personajes, como de cualquier película de drama o amor.

El desarrollo de las historias sin el humor, que lleva al expectador a reirse ante todo, de sí mismo. La ausencia del psicoanalista de rigor, que el presenta desde un enfoque freudiano, patético y necesario, como aquella necesidad de hablar de las situaciones que agovian en la vida; como en Manhattan en dónde el personaje refiere que ha ido 15 años al psicoanalista para aprender a comer camarones, o el que termina abriendo un restaurante, como en Hanna y sus hermanas; o el que termina inestable y enamorado de su paciente como en Maridos y mujeres.

La manera tranquila, normal, con que atrapa la intimidad de la cotidianidad de la pareja, como en Annie Hall; las frases maravillosas que se repiten en una y otra película, como la referencia a las cosas que hacen importante vivir, o a lo oscuro que guardamos debajo de la alfombra, y así permite vivir normalmente.

Los apartamentos llenos de madera, de libros, de colores tierra, de vitrolas para acetatos, de cocinas amplias, donde ocurren muchas de sus escenas, apartamentos que los hacen tan acogedores, y evocadores de tardes de lluvia para leer o escribir.

Las búsquedas de Dios que se expresan de maneras inocentemente cómicas, como en Hanna y sus hermanos, en dónde de manera hilarante plantea una búsqueda de sentido a través del catolicismo, o de los Hare Krischna; la referencia a un judaismo extraño en el que además cree en Jesús, las salidas sorprendentes e hipocondriacas de los personajes que él encarna, ante las angustias igualmente sorprendentes.

La irreverencia formal con la que se refiere a personas, íconos culturales, como al Papa, a freud, a los presidentes de estados Unidos, aún a sí mismo, cuando nombran alguna de sus películas.

El grupo familiar de actores, como Diane Keaton, Mia Farrow, Michael Caine, Diane West, Allan Stewart, Sidney Pollac, Lean Nelson; que resultan tan encantadores casi como el mismo Allan Stewart, verdadero nombre de WOODY ALLEN.

La perfecta música de cada una de sus PELICULAS, el jazz especialmente de Cole Porter, al que además nombra varias veces; la música lenta de los años treinta y cuarenta; el piano, los claninetes, que además él toca realmente de manera expectacular. La música clásica de Mozart, Wagner,Tchaikovsky, y muchísimos otros; de hecho sacaron en el 2011 una recopilación de la música de sus películas que se vende, partes de ella se encuentran en you tube.

Son tantas las PELICULAS de este maravilloso hombre, llenas de total magia, que resultan perdonable, sus desvaríos. Solo a través de Paris Manhattan, comprendí, el profundo interés en ofrecer ayuda a través de su arte, una ayuda temporal pero refrescante, que le permita a la persona desenfrascarse de sus angustias y valorar el vivir, con cierto entendimiento de las debilidades humanas. 

Ha hecho de las películas una articulación genial entre el cine y la intimidad humana, capturando una narrativa que convoca al inconciente de las angustias comunes, por lo que en el acto de reir, al expectador ver reflejado de manera aguda, algo de sí mismo, algo que de lo que poco se habla en la vida, y que en sus PELICULAS, parece tan expontáneo; ocurren pequeñas sanidades del alma. 

Woody Allen es uno de esos personajes, con los que soñaría hablar, suponiendo que el psicoanálisis le ha servido para su dificultad de hablar con gente que no tiene que ver con el mundo del cine; tendría que ser en Nueva York, ante su insistencia de no poder vivir en ningún otro lado, tomar un vino, que seguramente él eligiría blanco y yo tinto, comeríamos seguramente pasta, bailaríamos un jazz suavemente, y tal vez, le placiera regalarme una pieza en clarinete.

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