¡Hay señora sabe cuantas veces me han dicho “más vale conocido que malo por conocer”! Ya ni me acuerdo cuando fue que la aprendí. ¿La aprendí o habrá sido un saber innato? No sé, pero me parece que más que un refrán de abuela esta frase parece parte de la doctrina argentina. ¡La hemos escuchado hasta el cansancio! ¿Dije cansancio? Me olvidaba que nosotros no nos cansamos nunca, cada tanto estallamos con ataques de rabia, como nenes caprichosos, pero eso nos alcanza para volver a acomodarnos en nuestro sillón y seguir apoliyando.

Señora ¿usted se puso alguna vez a pensar quienes fueron y son los malos conocidos y que transformó en conocidos a esos malos?

Por favor, antes de escupirme el discurso del “uno a uno” que repiten en la tele, ¿me dejaría caer otros lugares comunes? ¡No señora! No mire al hall de entrada. Estoy hablando de otros lugares comunes. Me refiero a lo que todos decimos y repetimos hasta el cansancio para tener una salida fácil y decorosa.

Ahora bien, quiero usar estos lugares comunes para explicarle por que no es preferible seguir aguantando un malandra conocido y que sería bueno que vayamos renovando el plantel de caripelas.

Vea señora, un malo conocido es capaz de hacerle creer a usted que es la solución a los problemás y por que un grupo de malos conocidos pueden hacer que usted se lo crea durante mucho, mucho tiempo. ¿Recuerda usted como le creímos al que dijo “síganme” y lo seguimos hasta que fue reelecto? ¿Y después de eso? Otros 4 años en los que usted no se enteraba que los contratos de las privatizadas eran fraguados, las leyes laborales mutiladas, que el oro se mezclaba en los mismos contenedores que las armás salían del país. Mientras el comercio nacional florecía a base de “todo x $2”.

Un malo conocido no es preferible porque es capaz de venderle el himen de su hija (la suya señora, no la de él) al hijo del señor ese que vive en la otra cuadra, el que tiene 3 coches y pileta al fondo, por chauchas haciéndole creer a usted que con eso iba a pertenecer a la clase alta, que usted va a ser una de ellos. ¿Se acuerda? ¡Privatizamos y luego nos vamos sin escalas (vía estratosfera) hacia el primer mundo!

Vea señora, no es que yo dude de su experiencia, a sus años debe haber ido acumulando algo. Pero a usted le parece ese malo petisito, que es la copia del otro malo petisito. Ese que fue presidente unas horas.

No, ese no, el otro.

¡Ese, sí ese! Usted se acuerda que contento estaba. Tan contento que entre abrazos y fotos gritó que no iba a pagar nada. Cómo lo aplaudieron ¿eh?.

Señora, si es que no he podido convencerla, las próximás elecciones hágame un favor: Piense señora, Piense. A los malos conocidos ya los conocemos. Ya los padeció usted, mis padres y yo. Por que no prueba con alguna carita nueva, alguien que parezca al menos decente. Si siempre estamos a tiempo de rajarlo a patadas. Pero rajarlo enserio, no como al último. ¡Déjese de hinchar señora! Apáguelo al negro Oro (si, ya sé que es muy simpático) y piense si todavía le queda algo por perder.

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