Hay desayunos que me despiertan y hay otros desayunos que me dan sueño. No hay nada mejor para despertar que uno de esos desayunos que tanto recomiendan los nutricionistas, es decir, mucha fruta y un zumo de naranja recién exprimido. La fruta, con lo fría que está, te quita el sueño de encima. El zumo de naranja de verdad tampoco es muy agradable para mi paladar. Prefiero un buen vaso de fanta de naranja de marca blanca de cualquier distribuidor.

Los desayunos que me duermen son los que me gustan. Me tomo un buen bollo de bollería industrial con mi tazón de tila recién hecha y noto que me vienen las ganas de regresar a la cama. Pero nunca lo hago. Una cuando se levanta debe iniciar el día sin excusas. Los días son para vivirlos, no para dormirlos.

Lo que tengo claro es que, si me dan a elegir entre los desayunos que me despiertan y los desayunos que me duermen, me quedo con los desayunos que me duermen. Los donuts de chocolate están deliciosos. Los Croissants que vende Dulcesol en bolsas están mucho mejores que los caseros que hace mi madre. A mí me va todo lo que engorda.

No os recomiendo los desayunos que me despiertan. Será muy sano empezar el día con una manzana verde y un zumo de naranja que huele a naranjas, pero eso no te da la felicidad. La felicidad te la da lo prohibido por los nutricionistas. Por eso soy una consumidora habitual de bollería industrial.

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