Hoy es domingo, hace un sol histórico en Bogotá; es un día para reposar, descansar, meditar; también para el silencio, la calma, las reuniones familiares, los almuerzos en común, las visitas, los paseos, las elecciones, las celebraciones, la misa y las congregaciones.

Es un buen día para pensar en aquellos que pasan momentos difíciles, no hay día particular para eso, pero el domingo, cuando están un poco en pausa otras obligaciones cotidianas, se les puede prestar atención de manera especial.

En medio de los afanes de la vida; la depresión resulta más común de lo que creemos, inclusive las personas deprimidas, tardan en reconocer esta condición, que resultan asumiendo como si fuera parte normal, de los estados de ánimo con los que lidian sus estilos de vida.

Este encubrimiento es como decorar con flores y pájaros, los vacios y "variables complejas" del alma, como las tumbas en un cementerio. Decoramos y distraemos los vacíos de siempre, sin encararlos, como quien visita a sus muertos el domingo.

La depresión, dice Miguel Reyes, psicoanalista chileno, es una respuesta, no una causa.

Es necesario posicionarse frente a lo que pasa, de ello depende el camino que se ande para enfrentarlo. Si se asume que la depresión es la causa de los males que se viven: enfermades físicas, desánimo, desgano, falta de motivación, temor, irritabilidad, aislamiento; sería claro que lo que hay que combatir como sea, es ese estado de ánimo, desganado; y bastaría entonces los medicamentos prescritos. Pero si la entendemos en cambio, y más bien, como una respuesta; significa que hay una pregunta o cuestión que la antecede, que la causa, que está en medio de ella; al acallar la voz detrás de la depresión, se hará notar más adelante, tal vez con otras formas y con mayor fuerza.

En un camino de atención a nosotros mismos, indagar por la pregunta, frente a la que se optó por deprimirse, como respuesta; es uno de las cosas que hay que hacer.

Freud al trabajar la melancolía, nos plantea pistas interesantes. Plantea que el estado de tristeza, en la época no se hablaba de depresión emocional, viene por la pérdida de un lugar simbólico que la persona creía tener; esa pérdida: de un lugar en el trabajo, en la familia, en la comunidad, en una relación, en un proyecto, etc; desencadena la evocación de un estado pasado, constituyente, primario, de pérdida de un lugar.

Este estado anterior Freud lo articuló desde el complejo de Edipo. El niño atraviesa el complejo, cuando tramita de una u otra manera, según cada quien, y cada familia, el sentir fundamental en el que perdió el lugar en el que creía ser, la razón de ser de su madre, por decirlo de esa manera; Freud dirá, momento en el que perdió creer ser, el objeto de deseo de la madre.

¿Qué lugar simbólico reciente, es el que se siente que se ha perdido, cuando aparece la DEPRESION?, ¿qué evocación de antaño, sugiere en cada quien esa pérdida? ¿qué es lo que se anhela en la pérdida?; son preguntas que pueden abonar a lo que hay que hacer en medio de la depresión, preguntas para acercarse a lo que el deprimido de fondo se pregunta.

Por lo tanto, cuando estamos frente a una persona deprimida, es vital escucharlo, promover que hable, no importa cuánto repita una y otra vez lo que habla; es a través de las palabras, de su evocación, que podemos empezar a ayudarle a encontrar la pregunta esencial que no quiere encarar, frente a la que en este momento está respondiendo por vía de la depresión.

¿Por qué me cambiaron?, ¿por qué me dejarón?, ¿por qué no me amaron?, ¿por qué me entregaron?; ¿qué deseaban entonces? ¿ en qué fallé? ¿en qué me fallaron? ¿ por qué para otros lo que se le dió fué diferente? ...etc, etc. Preguntas que a través del trabajo en ellas, se buscará dar un paso de la queja al entendimiento, ese tipo de entendimiento que permite asumir lo que corresponda a cada cual.

En medio de la depresión se dice, no querer nada, ni comer, ni trabajar, ni hablar, y muchas veces, ni vivir; se reitera referencias fundantes de los seres humanos, no querer intentar más, no querer el amor por ejemplo, las relaciones de pareja, estar solos; en fin, hay algo en medio de su anhelo, que se nombra de manera opuesta a lo que de fondo se desea; es claro, que si eso no se quiere, ¿por qué sufrir por no quererlo?

El no querer, se presenta entonces como una bandera de rendición en medio de la batalla. En esta batalla se ataca, se reestructura, todo el mundo de la persona, no solo tiene que ver con una faceta de la vida; la DEPRESION pareciera más un virus, que encuentra las defensas caídas, de hecho ellas siempre llegarán a ser insuficientes; ahora, con las defensas a media asta, lo que no se ha encarado, se hace sentir con violencia. Las formas de la pregunta, van invadiendo y cuestionando todo; pero en una RESPUESTA acostumbrada a no escucharla, y ante su envestida, parece, solo parece, que ya no se quiere nada.

¿ Cómo no querer, lo que no se conoce?, en estos días hablaba con alguien, que está deprimido; uno de sus asuntos es sentirse imposibilitado por el miedo para emprender una relación de pareja, durante toda su vida lo ha dicho como si fuera un bastion de victoria: "nunca he vivido con una pareja", ha sido enfático en decir que no quiere. Al escucharlo, podría uno plantear: ¿cómo es que alguien puede estar seguro de no querer algo, que dice nunca ha tenido? es decir, ¿no quiere algo, que entonces nunca ha conocido?.

Puede uno plantear que, o en realidad es una negación, una manera de decir lo contrario, a lo que justamente, sí se quiere; o más bien, sí se ha tenido, pero la mente de mi conocido, no lo recuerda; tiene la percepción solamente, del temor, del anhelo, del dolor, de la pérdida que vivió, y eso lo vuelve, temerosamente anhelante, hasta la depresión; anhela profundamente arriesgarse a algo que le teme; no es que no lo quiera, le teme por el dolor pasado, infantil, que aún no ha procesado; y en estos tiempos seguramente estará listo para enfrentar.

Allí en ese simple decir de no querer algo, ya encontraríamos un camino, para invitarle a la persona a hablar, intentado que él halle sus propias preguntas, e identifique las respuestas con las que ha reaccionado a ellas.

Una de las cosas que pasa con las personas deprimidas, es la dificultad para hablar de sí mismos. Sucediendo entonces, una suerte de indigestión, o hasta intoxicación existencial; toda la basura emocional que se vivió en principio, y luego todos los residuos que siguieron acumulándose encima de ella, han sido tragados, sin procurarle, en la mayoría de los casos, un proceso digestivo mínimo y básico,  que deseche lo que sobra, y salga al excusado.

Tratamos los dolores del alma con cierta decidia, como si fuera un asunto de simple fuerza de voluntad, de manipulación, de sencillo interés de la persona por quedarse en ellos, o salir de ahí.

Desconociendo el poder de las emociones, las dejamos gobernarnos; al desconocer su alcance ellas han ganado todo el terreno. Cuando se viven dramáticamente, o se entienden, se puede lograr comprender, que no podemos simplemente, como en el chiste, decirle al sufriente: Doctor es que me hace daño comer tal cosa, pues no la coma; es que me hace daño el cigarrilo, pues no fume..; es que estoy deprimido; pues ponga de su parte y anímese, señor!! en este mundo no hay tiempo para bobadas.

Si se tratara solamente de eso, ¿para qué necesitaría un sujeto ayuda?, ¿solo para escuchar lo obvio? consejos imponentes, que además, el mismo médico seguro ni él puede llevar a cabo así de fácil frente a sus propios daños internos.

Pasa igual con tantos ñiños, maltratados por los adultos frente a sus respuestas al sufrimiento; a los niños les decimos no mienta, no agreda, estudie, quédese quieto, no hable tanto, respete a los demás, no robe; pero ni hemos entendido que sus comportamientos, son antes que nada una respuesta a sus dilemas, a sus enigmas, a sus familias, a su medio; a las marañas muchas veces, más que dramáticas, en las que se están debatiendo. 

Las preguntas enmascaradas, que todos tenemos como sujetos simbólicos, sujetos hechos por las palabras de los que nos acogieron en este mundo;  tienen varios niveles, unas son actuales, y otras de antaño; tienen varias formas, de acuerdo al carácer y estructura de la persona; tienen varias manifestaciones de acuerdo a los contextos en los que nos inmiscuimos, y también han tenido varias formas de respuesta, además de la depresión.

Es tan importante desenmarallar la pregunta, para ahí sí, aceptar lo que nos corresponde y lo que nos libera, acercarnos paso a paso a la imperturbabilidad.

Al ser seres simbólicos, las palabras son la vía;  tanto la verbal, la expresiva, como la escrita. Palabras que hay que decir, escuchar, y recibir; palabras que nos redefinen al fin.

He descubierto algo maravilloso cuando hablo con mis amados, que se deprimen; y es que aunque pareciera poco importante escucharles, y muy poco lo que logramos decir, aveces al estar atentos a sus PALABRAS, hay cosas sencillas que se perciben, que al devolvérselas les ayuda a ir deshilando la madeja escondida en su alma, les trae algo de frescura, en medio de su tormenta.

Aveces estamos al lado de quienes sufren, ignorándolos; y si bien, no todos somos psicólogos, o mejor aún analistas; sí amamos, y eso nos conecta de maneras maravillosas como humanos, en las palabras. Podemos dar muchas cosas a alguien que sufre, palabras de vida es una de ellas. 

No siempre es el momento de hablarles, de simplemente deber salir de ese estado; no siempre es el momento para llenarlos de un discurso positivista; no siempre es el momento para hablarles de la fé. Aveces es suficiente entenderles realmente, hacerles saber que captamos sensiblemente, que lo que viven es complejo; es como podar un árbol, puede ser doloroso, muy doloroso, lento, difícil; pero al final haciendo lo que hay que hacer, el árbol será más bello, más sano.

Antes de hablar, es esencial callar, preguntar, intentar entender, qué pasa. Resultará tan importante como el orar por la luz de Dios en el camino de este deprimido; escuchar, aprender a escucharnos; muy probablemente para eso estamos cerca a la persona que sufre; para escucharle,  tal vez posiblemente, en una mañana de DOMINGO.

   

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