Se acaba el verano, y con él se van los largos días de sol, las vacaciones, los días de playa y chiringuito, y así hasta un sinfín de actividades que realizamos durante esta estación, que se termina para dar paso al otoño, a la vuelta a la llamada rutina, a los melancólicos paisajes llenos de hojas y a las primeras lluvias que nos traen ese olor tan característico a tierra mojada. Pero lo que para muchos puede ser una de las estaciones más bonitas del año, para otros puede convertirse en un sueño gris plomizo del que cuesta despertar. Con la llegada de esta estación, llega también el florecimiento emocional, es decir, se desenmascaran los pensamientos lúgubres y las pesadumbres. Podríamos decir que es la época de las depresiones, un sentimiento difícil de explicar que puede convertirse en una losa difícil de soportar tanto para la persona que lo sufre como para los de su alrededor y que puede perdurar durante años, convirtiendo nuestros días en aciagos momentos, en los que nuestros propios pensamientos se convierten en puñales para el alma, que nos impiden ver más allá de nuestra propia realidad, sumergiendonos en un pozo oscuro al que llegamos sin saber cómo, y del que por infortunio, en muchas ocasiones no sabemos salir.

Estos comentarios no significan que el otoño sea el causante de las depresiones, porque para ello siempre existe algún problema de base, pero si tenemos que ser conscientes de que en esta época podemos llegar a sufrir un bajón anímico que junto con la apatía y los problemas personales puede convertirse en un verdadero problema psicológico que nos impida disfrutar de esta época del año tan maravillosa.

Todo estos cambios que sufrimos durante este periodo se deben principalmente a cambios hormonales producidos por la disminución de la luz solar y las bajadas de las temperaturas.

Este estado de astenia otoñal debemos considerarlo como algo transitorio, un tipo de adaptación corporal, sin darle más importancia de la que realmente tiene.

Una de las principales responsables de todas estas alteraciones, es la melatonina, que es la hormona encargada de regular el sueño y la temperatura corporal. La producción de la melatonina aumenta con la disminución de la luz solar (es la que nos ayuda a dormir por las noches), ademàs, el aumento de esta hormona, produce la disminución de la hormona seriotonina (la hormona de la felicidad). Por lo cual el resultado del aumento de melatonina y la consiguiente disminución de serotonina es apatía, cansancio, somnolencia, tristeza, etc... Todos estos síntomas pueden acabar enmascarando una depresión.

Tambien cabe destacar la disminución de otra hormona llamada dopamina, el descenso de esta hormona origina falta de interés y de concentración.

Ademas debido al descenso de la hormona melatonina se produce un aumento de la necesidad imperiosa de comer, sobre todo alimentos de alto contenido calórico, lo que puede suponer un aumento del pero corporal.

Si en alguna ocasión, llegamos a sentir alguna de estas manifestaciones, lo más importante es consultar a nuestro médico, ya que debemos evitar agravar la situación.

Sin embargo es necesario saber que no sólo el tratamiento farmacológico es eficaz, también podemos llevar a cabo una serie de medidas que nos ayuden a salir de esta situación, entre ellas las más destacables son realizar ejercicio físico, tomar la luz solar, dormir las horas necesarias para adaptar el cuerpo a los ciclos del sueño, comer frutas y verduras y evitar la soledad relacionandose con amigos y familiares.

Depresión otoñal

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: