Hacia finales de los 70, con el inicio de la llamada Transición, España iniciaba un nuevo camino por la senda de la democracia parlamentaria. Eso al menos es lo que siempre se nos ha asegurado y hemos creído. Por desgracia, lo que vamos descubriendo de la actuación de los protagonistas de aquella transición y de sus herederos políticos, hace que muchos cuestionen la democracia.

La triste constatación de que los políticos pasados y presentes, durante los últimos 50 años y con honrosas excepciones han sido más unos individuos dedicados a saquear las arcas del Estado que a ofrecer soluciones sensatas a la sociedad, no contribuye a desechar esa opinión. Pero, ¿es justo ese planteamiento tan absoluto? Probablemente no.

Interior del nuevo edificio del Senado en España, sede de la democracia

La democracia como concepto indiscutible

Desde que se produjo aquel periodo de la historia de España, siempre hemos estado rodeados de instituciones que se han afanado en hacernos comprender que vivíamos en democracia, que todo lo que nos rodeaba tenía su explicación en tal sistema político. Generaciones enteras han crecido con sus libros de texto que daban tal cosa por sentada. En cualquier examen en el que el profesor preguntara al niño o joven de turno la definición del sistema político español, el suspenso sería tan rotundo si no indicara que se trata de una democracia parlamentaria, como si respondiera que 2 * 2 fueran 5. Igual suspenso que obtendría si, incluso ante el innegable espectáculo de la tasa de paro del 25% de la población, defendiera que no es posible que la Constitución reconozca el derecho al trabajo (artículo 35), o viendo a miles de familias siendo carne de desahucio negara lo mismo respecto al derecho a la vivienda (artículo 47).

Reivindicación de democrcaia real y más profunda

Adoctrinamiento interesado

Adoctrinamiento, año a año, sustentado en el miedo del colegial a suspender, similar al temor del creyente que cuestiona los mandamientos divinos. Al fin, se trata de establecer bases sólidas de pensamiento. Lo mismo que no tiene discusión que la multiplicación de dos por dos tiene como resultado cuatro, se comprende que España es una democracia.

Pero, como la realidad es tozuda y refleja la corrupción, el incumplimiento de cuánto se da por comprometido, el resultado es que el pensamiento colectivo deriva en la idea de que: la democracia genera corrupción.

Todo, por no querer comprender que, por mucho que un maestro nos quiera suspender, ni la sociedad es pura matemática, ni, tal vez, lo que aquí tengamos sea, en realidad y contra todo lo dicho y aprendido, una auténtica y genuina democracia.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: